Suena la alarma una mañana de noviembre de 2016. Me despierto de golpe para encontrarme con la televisión todavía encendida. El mapa de Estados Unidos proyectado en la pantalla muestra la mayoría de los estados pintados de rojo. ¿Será posible? ¿Realmente ganó Donald Trump? Me escondo debajo de las cobijas con miedo de salir de la habitación. No vaya a ser que me encuentre con el apocalipsis zombi ahí afuera…
Ocho años después, se repite la historia: Trump vuelve a ganar las elecciones en Estados Unidos. Admito que el impacto emocional e intelectual ha sido mayor para mí en esta segunda ronda, por lo que significa para las mujeres, para los latinos y para la humanidad.
¡Qué exagerada!, dirán algunos. Pero la realidad es que, independientemente de cuál sea nuestro género, nacionalidad o ideología, el nuevo mandato de Trump tiene repercusiones que apenas estamos empezando a vislumbrar.
Retiro del Acuerdo de París
Una de las primeras decisiones que anunció el recién nombrado presidente fue el retiro, una vez más, del acuerdo climático de la COP21, firmado en París por 196 países en 2015, con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados Celsius (°C), y preferiblemente limitándolo a 1,5 °C en comparación con los niveles preindustriales. El acuerdo también contiene medidas acordadas sobre adaptación, educación, financiamiento, cooperación tecnológica y reconoce el papel que la acción climática desempeña en el logro de muchas de las metas de desarrollo sostenible.
¿Por qué es importante? El objetivo de mantener la temperatura por debajo de un aumento de 2 °C se acordó porque, de lo contrario, los impactos climáticos podrían ser mucho más extremos. Algunos cambios incluso podrían volverse irreversibles.
Los días más calurosos podrían ser 4 °C más cálidos en las latitudes medias (regiones fuera de los polos y los trópicos). El aumento del nivel del mar podría exponer hasta a 10 millones de personas a inundaciones más frecuentes. Casi la totalidad de los arrecifes de coral del mundo podrían perderse, lo que desencadenaría efectos negativos en la salud del ecosistema marino, la pesca y la seguridad alimentaria. Adicionalmente, varios cientos de millones de personas más podrían quedar expuestas a riesgos climáticos y susceptibles a la pobreza para el año 2050.
‘Drill, baby, drill’
Esta expresión que, traducida, vendría a ser: “Perfora, cariño, perfora”, alude a la idea de apoyar el aumento de las perforaciones para extraer de petróleo y gas como fuentes de energía adicional. Y la dijo Trump en su discurso inaugural.
Los próximos cuatro años son críticos para evitar lo que los científicos llaman los “puntos de no retorno” climáticos, que, una vez cruzados, podrían llevar a cambios irreversibles y catastróficos. El retiro de Estados Unidos del acuerdo climático hará que el mundo quede aún más rezagado respecto al objetivo de limitar el calentamiento de la Tierra luego de que el 2024 fuera el primer año por encima de 1,5 °C en relación con los niveles preindustriales.
Aparte de EE. UU., los compromisos climáticos actuales de los países todavía nos colocan en camino a un aumento de temperatura que supera el límite de 2 °C para el año 2100, según las Naciones Unidas. Muchas de las naciones más contaminantes del mundo han incumplido el plazo establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para fijar nuevos objetivos climáticos.
A medida que el Gobierno estadounidense se retire del escenario climático global, se hace aún más importante el rol de otros países, ciudades, empresas y la sociedad civil en la lucha contra el cambio climático. Por un lado, los Gobiernos deben reforzar sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), las cuales representan los esfuerzos nacionales para reducir emisiones y aumentar esfuerzos en adaptación climática al tiempo que impulsan la transición hacia energías renovables, financiamiento climático y la conservación de la biodiversidad.
Costa Rica, por ejemplo, se ha comprometido a reducir sus emisiones de CO2 a 9,11 millones de toneladas para el año 2030. Esto, reduciendo sus emisiones en un 23% en comparación con el 2012. Sin embargo, la economía costarricense está cada vez más carbonizada debido al consumo energético y el transporte. Las emisiones de CO2 del sistema eléctrico nacional crecieron 7,5 veces entre 2022 y 2023.
Por otro lado, las ciudades necesitan diseñar e implementar planes locales de cambio climático que promuevan la planificación urbana, la eficiencia energética, el mejoramiento en los estándares de construcción, el uso de infraestructura verde y la gestión de residuos.
El sector privado, por su parte, juega un rol clave en la reducción de su huella de carbono y mediante la adopción de modelos de negocio sostenibles. Por su parte, la sociedad civil es la que mueve el mercado a través de sus decisiones de consumo, y quienes la integran son los que deben presionar a Gobiernos y empresas para que cumplan sus compromisos nacionales e internacionales en materia de adaptación y mitigación del cambio climático.
Ante los desafíos políticos que hoy enfrentamos, es crucial que la cooperación internacional, la presión ciudadana y la innovación en el sector privado sigan impulsando el progreso hacia los objetivos climáticos. Porque, lastimosamente, en guerra avisada, sí muere soldado.
aimee.leslie@wwfperu.org
Aimée Leslie es bióloga y se desempeña como directora de Conservación de WWF-Perú (World Wildlife Fund for Nature).