
“La historia de Costa Rica sobre la Guerra de 1856, aún no se ha contado de verdad, apenas se ha cantado”. “Algún día se ha de escribir en su conjunto y serenamente esos acontecimientos gloriosos, mezclados al mismo tiempo con miserias, envidias, ruindades. La epopeya tal vez se empequeñezca, pero se podrá contemplar mejor y más a lo vivo el cuadro completo” (Don Cleto González V. Academia de la Historia Costa Rica 1968, en Carlos Meléndez, José María Montealegre , pag. 212). “Los entretelones de la gesta de 1856 están llenos de acontecimientos bastardos y de ambiciones e intereses que llegaron a sobrepasar los límites de la fraternidad que en tan aciago momento debía existir. Se impone una revisión de acontecimiento para estar en capacidad de formar un juicio sereno sobre la idea de revisión que plantea don Cleto” (Carlos Meléndez, José María Montealegre , Academia de Historia de Costa Rica , 1958, pág 40. ).
Leyendo a don Enrique Guier, en su obra William Walker , se nos hace un nudo en el alma la descripción sobre esa fila interminable de soldados con hambre y sed, enfermos de muerte, perseguidos por la más infausta desolación tras el logro desesperado para llegar a la frontera de Costa Rica... Y es en ese instante en que nos cuesta entender la locura de Juan Mora Porras cuando ante el Ministerio de Guerra y Marina da la siguiente orden: “Liberia 3 de mayo 1856. Casi toda la población de Rivas ha seguido a nuestro ejército y cuando éste llegue estableceré un cordón; todo soldado que pase la frontera, de uno u otro lado, deberá ser fusilado” (Archivos Nacionales de Costa Rica. Sección Administrativa Guerra y Marina. Documento: 8827 10-11, 12 f y V.)
Juan Mora Porras, al declarar la “guerra sin cuartel” a la República de Nicaragua, envió 4.000 soldados. Para el momento de la orden que vamos a leer un día después, ya solamente quedaban 1.000 costarricenses con vida cerca de la frontera. Huían de la peste y del enemigo, soldados nicaragüenses, para quienes era imposible rendirse pues don Juan Rafael Mora había emitido una orden extraña: “Todo soldado enemigo, aunque se encuentre herido al rendirse, debe de ser fusilado”.
Al día siguiente, 4 de mayo de 1856, Juanito Mora envía otra orden al Ministro de Guerra y Marina: “También dejé dispuesto establecer sin demora un cordón imponiendo pena de muerte a todo aquel soldado que traspase la línea en la frontera, de uno u otro lado , llevando esta providencia a su máximo rigor: para evitar contagios y traiciones” (Archivos Nacionales. Documento 8827.13 y 14.fy.v).
El mapa fatal. A pie juntillas he aprendido la historia de 1856 cuando la narra el Lic. José María Castro Madriz, el primer presidente de Costa Rica, hombre sabio, y bueno, entre los beneméritos de nuestra nación. Por su inteligencia y juicio, se inició la investigación que terminó con la destitución de Juan Mora Porras, acusado de traición.
En la noche del 2 de febrero de 1968 se realizó una sesión del Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica. Un investigador de nuestra historia jurídica, Paul Woodbridge, presenta para su publicación un libro: Los contratos Webster-Mora . La Historia de la Guerra de 1856, hasta ese día, fue siempre cantada según las palabras de don Cleto González V., Benemérito de la Patria. Aparece en este libro un mapa que Juan Mora Porras y José María Cañas presentan al comodoro Vanderbilt. Y se adjunta una carta similar a la que un día envió Juan Mora Porras al Gobierno de EE. UU., solicitando que acepten acoger la Republica de Costa Rica como un Protectorado de la Unión Americana. (Nota: carta enviada cinco años antes del conflicto de 1856 y cuando William Walker no existía en la historia de Nicaragua). Ofrecen Juan Mora Porras y José María Cañas formar una nueva nación. Territorio de Costa Rica y de Nicaragua pasarían a formar la nueva República de Moracia, con Juan Mora Porras como Presidente.
El libro que cambia la historia “cantada” de Costa Rica demuestra que Juan Mora Porras, por ese mapa fatídico, provoca de inmediato una declaración de Guerra contra Costa Rica. No era fácil para el Consejo Editorial publicar un libro de esa índole. Logramos así entender por qué examigos de Mora y de Cañas se van contra él, incluyendo el Padre de la Patria don José María Castro Madriz, Julián Volio, coronel Blanco, coronel Salazar.
El Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica, por unanimidad, luego de someter el libro a un estudio acucioso de varios meses, acuerda editarlo. El Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica en ese entonces: Alberto Cañas, Ricardo Blanco Segura, Carlos Meléndez, Julián Marchena, Jorge Enrique Guier, Lilia Ramos, Julieta Pinto, Víctor Manuel Arroyo, Rafael Lucas Rodríguez, Jorge Debravo, Daniel Gallegos, Rafael Fernández.
Por lo dicho, Julián Volio propone que sea extrañado a la República de El Salvador. Juan Mora Porras regresa, luego, acompañado por un grupo de mercenarios (mexicanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y algunos costarricenses).
La última carta. Juan Mora Porras ya en Puntarenas, manda una carta al mercenario Arancibia y ordena: “Cuando el Ejército llegue a San José, se procederá a capturar a José María Montealegre, Julián Volio, coroneles Blanco y Salazar y deben ser fusilados sin formación de causa”.
De esta forma espero recibir el perdón por haber tenido la osadía de publicar un artículo sin antes recibir el permiso de los Señores que integran la Academia.