
La revolución de la longevidad, el efecto de la cronicidad y la salud para el desarrollo son tres conceptos fundamentales en la llamada Agenda de Salud Sostenible para las Américas 2018-2030, la respuesta del sector salud internacional a los compromisos adquiridos por los Estados miembros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Este documento estratégico hace un llamado urgente a movilizar esfuerzos hacia un desarrollo sostenible que abarque todos los aspectos de la salud, para así garantizar un envejecimiento saludable. Tal desafío es una exigencia significativa para el sistema de salud nacional frente a la población adulta mayor del país, que requiere servicios integrales, equitativos y adaptados a sus necesidades.
Este compromiso nos impulsa a seguir promoviendo conceptos innovadores y enfoques actualizados sobre diversas patologías que afectan a las personas adultas mayores, y a difundir este conocimiento de manera que resulte accesible.
Entre estos nuevos abordajes destaca la promoción de la independencia física, estrechamente vinculada con la autonomía personal, la cual cada individuo posee y debe preservar con responsabilidad. Ambos componentes son fundamentales para alcanzar una calidad de vida óptima, especialmente en las etapas avanzadas de la existencia.
La revolución de la longevidad refiere que nunca antes en la historia de la humanidad, ha habido tantas personas mayores con edades tan avanzadas que requieren atención integral.
El efecto de la cronicidad consiste en el aumento de la proporción de años vividos con una enfermedad o discapacidad. Esto nos obliga a pensar más allá de la presencia de enfermedad, buscando ese anhelado grado de independencia.
La salud para el desarrollo exige una visión que vaya más allá de la supervisión como objetivo central; implica que la salud trascienda la concepción simplista de la lucha contra la enfermedad. Una trayectoria de vida saludable se refleja por medio de las nociones de capacidad, resiliencia, longanimidad y habilidad funcional, que son parte integral del enfoque del curso de vida de la salud.
Este enfoque del curso de vida proporciona una nueva comprensión del significado de estos conceptos que resultan esenciales para entender cómo se desarrollan.
El envejecer bien se convierte en un arte que debe ser desarrollado por cada uno de nosotros: incluye los buenos hábitos de higiene de la salud, las actitudes positivas y la responsabilidad de realizar actividad física a diario.
La actividad física es vital para mantener la independencia y la calidad de vida, facultades que contribuyen a nuestra autonomía, y estimulan la capacidad de juicio y la toma de decisiones para elegir lo que deseamos.
El proceso de envejecimiento no es una enfermedad; es una parte muy importante del curso de la vida, y para envejecer con bienestar, es fundamental superar los prejuicios del edadismo, una forma de discriminación que atribuye injustamente todas las limitaciones a la edad. Este estereotipo no solo invisibiliza las capacidades y aportes de las personas adultas mayores, sino que también limita su participación activa en la sociedad.
Nunca se debe claudicar en ese esfuerzo por evitar la soledad no deseada o el abandono de las personas adultas mayores. Debemos acortar las distancias que muchas veces nos separan y transformar esas distancias en sentimientos de cercanía, acompañamiento y afecto.
Propio, individual y progresivo
El proceso de envejecimiento es propio, individual, progresivo e irreversible. Se relaciona con el funcionamiento interno de nuestro organismo y con el entorno que habitamos. Podemos incidir positivamente en la forma de envejecer bien mediante un buen autocuidado y armoniosas relaciones familiares y de amistad.
En el Día Nacional e Internacional de las Personas Adultas Mayores, que se conmemora cada 1.° de octubre, honramos la sabiduría, la experiencia y la resiliencia de quienes han recorrido largos caminos y siguen dejando huellas profundas en nuestras vidas.
Reconocemos que el envejecimiento no es una etapa de retiro, sino una oportunidad para fortalecer vínculos, compartir conocimientos y construir una sociedad más justa y solidaria. Que esta celebración nos inspire a valorar cada historia vivida, a promover el respeto intergeneracional y a garantizar que todas las personas adultas mayores vivan con dignidad, autonomía, plenitud y libres de discriminación. Porque cuidar, incluir y aprender de quienes nos preceden es también cuidar nuestro futuro.
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Fernando Morales Martínez es médico en Geriatría y Gerontología, y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR).