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Toda pionera fue primero una rebelde

La rebeldía femenina ha sido históricamente castigada. La mujer libre ha recibido muchos nombres: bruja, loca, puta, problemática, conflictiva, difícil, comunista o hasta terrorista

Derechos de las mujeres, lucha feminista. Puños de mujeres cerrados en alto
Derechos de las mujeres, lucha feminista. Puños de mujeres cerrados en alto Shutterstock
Derechos de las mujeres, lucha feminista. Puños de mujeres cerrados en alto
Cada derecho del que hoy gozamos las mujeres nació primero como una desobediencia. (Shutterstock/Imagen)

Cada rebeldía, cada desobediencia, cada conducta insumisa o simplemente distinta es recibida como un atentado por el sistema de las cosas establecidas. Es la reacción automática de defensa ante cualquier cambio que promovamos las mujeres, porque durante siglos se nos enseñó que el orden del mundo dependía de nuestra obediencia, al estilo del “Cuento de la criada”.

Cada derecho del que hoy gozamos nació primero como una desobediencia. La mujer que aprendió a leer cuando se decía que el conocimiento volvía estéril el útero; la que exigió participar en política cuando ser un hombre público tenía gran prestigio y, por el contrario, una mujer pública era sinónimo de prostitución; la que denunció la violencia dentro del hogar cuando eso se consideraba “un problema privado”... Todas fueron señaladas como exageradas, peligrosas o enemigas de la familia y del orden establecido.

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