
La agenda política estadounidense de las últimas semanas ha dejado en clara evidencia las fuertes pugnas y tensiones que vive el sistema político de Estados Unidos. Una de las democracias más antiguas y sólidas del globo pone a prueba los límites de su arquitectura institucional.
Uno de los pilares de la democracia en Estados Unidos, contenida en la Constitución Política, ha sido la libertad de expresión y de prensa. Por eso, el conflicto reciente por el llamado caso Kimmel ha sacudido las bases del edificio constitucional. Fuertes presiones de sectores conservadores y la Comisión Federal de Comunicaciones llevaron a la suspensión temporal del show Jimmy Kimmel Live por parte de la cadena ABC, alegando que se había banalizado y celebrado el asesinato de Charlie Kirk.
Esta polémica decisión abrió un debate en ambos bandos políticos, e incluso destacados líderes republicanos como Ted Cruz hicieron un llamado a proteger la libertad de expresión. El show volvió al aire pocos días después, pero el episodio refleja las fuertes tensiones en el ambiente político.
Otro ejemplo de estas tensiones se puede ver reflejado en la reunión convocada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, a la que asistió el presidente Donald Trump, con cerca de 800 altos mandos militares en Virginia. Hegseth y Trump emitieron fuertes declaraciones sobre las normas de disciplina y las políticas de inclusión y diversidad.
También realizaron un llamado a cuidar la seguridad interna, especialmente en ciudades estadounidenses, haciendo referencia al “enemigo interno”, que muchos han interpretado como una amenaza. El tono del evento ha sido interpretado por líderes críticos con el presidente como una transgresión al principio de neutralidad militar de las fuerzas armadas.
Probablemente, el ejemplo más claro de la polarización política en Estados Unidos es el cierre temporal del Gobierno Federal, ocurrido desde el pasado 1.° de octubre. El Congreso no ha logrado alcanzar un acuerdo de financiamiento y, como resultado, el Gobierno Federal se encuentra cerrado. Para la aprobación del presupuesto, se requieren 60 votos en el Senado, lo que otorga a los demócratas un espacio de negociación para detener los recortes al sistema de salud público.
Las consecuencias del cierre técnico del gobierno se empiezan a sentir en la sociedad estadounidense. En ambos bandos se libra una batalla por la comunicación, y republicanos y demócratas están responsabilizando al otro bando por las consecuencias negativas del cierre.
Este turbulento ambiente atiza los cálculos políticos, a un año de las elecciones de medio periodo, de noviembre de 2026. Antes de eso, se celebrarán elecciones para las gobernaciones de Virginia y Nueva Jersey. Las candidatas demócratas parecen recuperar terreno en esos estados, con proyecciones que señalan mayores de probabilidades de ganar para Abigail Spanberger en Virginia y Mikie Sherrill en Nueva Jersey.
Estas elecciones han servido en el pasado como un hito en las tendencias para la contienda del Congreso de medio periodo. Ese aparente repunte del Partido Demócrata también ha ocurrido en las elecciones especiales de este 2025.
Las mediciones sobre la aprobación del presidente Donald Trump durante el mes de setiembre muestran aparentes señales de un incipiente desgaste en el líder republicano. Por ejemplo, analistas de Silver Bulletin y The Economist/YouGov notan un descenso en los niveles de aprobación, especialmente en relación con el manejo de la economía. Una encuesta reciente del New York Times indica que las políticas de migración y las deportaciones masivas de Trump sí reciben apoyo mayoritario, aun cuando una parte importante de las personas encuestadas no concuerda en las formas en que esto se realiza.
Este aparente desgaste del presidente Trump en algunas mediciones toma al Partido Demócrata en un momento de redefinición y sin liderazgos claros. Un ejemplo de ello es la publicación del libro 107 Días, de la exvicepresidenta y candidata presidencial demócrata Kamala Harris, que realiza fuertes críticas al Partido Demócrata y al sistema político, lo que ha sido interpretado como un ajuste de cuentas con su partido.
Otras figuras políticas de ese partido, como el gobernador de California, Gavin Newsom, tratan de ganar protagonismo en la lucha por el liderazgo de la agrupación. Pero esa lucha también deja fisuras internas. Además, los temas tradicionales del Partido Demócrata, como la salud, han pasado a un segundo plano en el debate público.
Este cúmulo de tensiones recientes en la política interna estadounidense permite hacer varias reflexiones. Pese a un cierto desgaste por la situación de la economía, Donald Trump continúa con una gestión polémica pero bien recibida por una considerable proporción del electorado estadounidense.
En cada uno de los temas decisivos, el equipo del mandatario parece dispuesto a tensar la cuerda, no solo de la opinión pública, sino del andamiaje institucional. Y frente a eso, el Partido Demócrata no logra controlar la agenda mediática, se encuentra dividido y con poca claridad en sus liderazgos claves. Aun así, la política estadounidense es muy dinámica y nuevos eventos internos o externos podrían inclinar la balanza en una dirección u otra.
Felipe Alpízar R. es profesor catedrático y coordinador del Observatorio de Estados Unidos del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR).
Juan Ignacio Garbanzo Fallas es estudiante e integrante del equipo del Observatorio de Estados Unidos (CIEP-UCR).