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Solos y aislados: una epidemia en la modernidad

La modernidad ha debilitado vínculos otrora sólidos y está empujando a muchas personas a vivir en una soledad no siempre elegida. Las consecuencias, personales y sociales, pueden ser devastadoras

Ilustración para artículo de Íñigo Lejarza en la sección "Letra libre" de Opinión
En algunos países desarrollados se han registrado "epidemias de soledad" que han obligado a la intervención estatal. Íñigo Lejarza
Ilustración para artículo de Íñigo Lejarza en la sección "Letra libre" de Opinión
En algunos países desarrollados se han registrado "epidemias de soledad" que han obligado a la intervención estatal. (Íñigo Lejarza/Cortesía de Íñigo Lejarza)

De entre las muchas transformaciones que se han producido en nuestra sociedad en el transcurso de las últimas dos generaciones, hay una bastante poco conspicua, pero que representa un cambio sociodemográfico profundo, y es la que atañe a la conformación de los hogares. Hemos pasado de familias extendidas, con cinco miembros en promedio, a familias nucleares, con apenas tres miembros. Este desplazamiento de la media hacia abajo es producto tanto de la reducción de los hogares con mayor cantidad de integrantes como del aumento de los hogares con menos miembros e, incluso, con uno solo.

Los hogares unipersonales se han triplicado en el mismo periodo, pasando de representar un 5% a casi un 18% en el 2022. Es decir: ya casi uno de cada cinco hogares está conformado por un solo individuo. Si bien la segunda acepción del término “hogar”, según la RAE, lo equipara a casa o domicilio, la tercera, que lo equipara a familia o “grupo de personas emparentadas que viven juntas”, difícilmente se aplica en este caso. Estas personas no viven “juntas”: viven solas.

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