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Silenciar a la niñez no es protegerla

Si se normaliza la idea de que opinar públicamente puede acarrear consecuencias negativas, se envía un mensaje desalentador a las nuevas generaciones: que participar es peligroso y que el silencio es preferible a la expresión

Niño con la boca cubierta, mano adulta tapa la boca de niño, niña, silencio impuesto, libertad de expresión, niñez y expresión pública de ideas
Silenciar la voz de niños y adolescentes supondría retroceder hacia modelos que consideran a los menores como sujetos pasivos, carentes de criterio propio. Shutterstock
Niño con la boca cubierta, mano adulta tapa la boca de niño, niña, silencio impuesto, libertad de expresión, niñez y expresión pública de ideas
Silenciar la voz de niños y adolescentes supondría retroceder hacia modelos que consideran a los menores como sujetos pasivos, carentes de criterio propio. (Shutterstock/Foto)

En días recientes, la expresión pública de una persona menor de edad ha generado un intenso debate social que trasciende el hecho puntual y obliga a una reflexión más amplia. Más allá de nombres, filiaciones o coyunturas específicas, la discusión plantea una pregunta de fondo: ¿cómo entiende nuestra sociedad el derecho de niños, niñas y adolescentes a expresar sus opiniones en el espacio público?

Una parte del debate ha girado en torno a la idea de que la participación pública de una persona menor de edad podría constituir, por sí misma, una forma de exposición indebida. Sin embargo, esta afirmación merece ser analizada con cuidado, pues corre el riesgo de contradecir principios ampliamente reconocidos en materia de derechos humanos y protección integral de la niñez.

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