
Pasaron las elecciones nacionales. Todo está definido. Empero, persisten expectativas, incertidumbres y esperanzas.
Resulta oportuno recordar algunos detalles de la campaña en aquella coyuntura marcada por la polarización, el populismo, las confrontaciones, la violencia verbal y los ataques a nuestra institucionalidad democrática. Ese ambiente estuvo particularmente marcado por el movimiento chavista, que centró su narrativa en el continuismo, las 40 diputaciones, y pretensiones como la Asamblea Constituyente y la transformación del Estado costarricense en una “tercera república”.
Frente a ello, otros partidos articularon una narrativa –en buena medida coincidente entre sí– basada en la defensa del régimen republicano y democrático de pesos y contrapesos. Advertían sobre el peligro de una posible dictadura y enfatizaban en la importancia de preservar la independencia de los tres poderes de la República, así como la defensa de nuestra Constitución, el Estado de derecho y las instituciones democráticas y de función social.
Estas narrativas, en lo esencial, se han mantenido en la poscampaña, aunque ahora se percibe una tenue y esperanzadora intención de reconstruir puentes que fueron destruidos. Así lo expresan tanto las personas electas que conformarán el próximo gobierno como quienes están llamados a desempeñar el rol de oposición, conforme al mandato constitucional de legislar y ejercer el control político desde la Asamblea Legislativa. Inclusive, ambas partes manifiestan su voluntad de impulsar el diálogo y la concertación por el bien de Costa Rica. ¡Esperanza!
Analistas, articulistas y líderes de opinión también se han ocupado de estas manifestaciones. Sus reflexiones contribuyen a que esas posiciones de entendimiento y acuerdos patrióticos prosperen en beneficio del desarrollo humano integral del país y ayuden a disipar la incertidumbre, las aprensiones y las preocupaciones que se acentuaron durante la campaña electoral.
Superado el capítulo de las elecciones presidenciales y de las diputaciones, los costarricenses esperamos que nuestra vida familiar, ciudadana, comunitaria, profesional y productiva se desarrolle en paz, libertad, armonía, fraternidad, justicia social y respeto a la dignidad de las personas.
Asimismo, en cuanto a mejorar el funcionamiento del Estado, esperamos que las reformas consideradas necesarias a nuestra Constitución Política y a las leyes sean producto del diálogo, de consensos y de acuerdos democráticos. No deberían ser consecuencia de la imposición, de la fuerza o de la violación de nuestro Estado de derecho, pues ello agravaría la polarización entre los costarricenses, la agitación social y la inseguridad jurídica. Claramente, tampoco favorecería la convivencia pacífica a la que están habituados los costarricenses.
Es sabido que el camino hacia una dictadura ya no es el de los “golpes de Estado”. En los tiempos modernos, las dictaduras suelen construirse desde los propios procedimientos de la democracia. Lo hacen poco a poco, mediante ataques y campañas de desprestigio contra los partidos políticos y sus dirigentes históricos, la prensa libre y crítica, los congresos parlamentarios (en Costa Rica, la Asamblea Legislativa), el Poder Judicial y las instituciones republicanas encargadas de ejercer los pesos y contrapesos democráticos y el control de los actos gubernamentales.
Con el tiempo, ese proceso puede conducir al dominio de los tres poderes de la República. Entonces, el poder político queda concentrado en una sola persona, cuya palabra termina convirtiéndose en ley. Eso es, precisamente, lo que no se quiere para nuestra Costa Rica democrática.
La mayoría de los costarricenses soñamos con que la crispación social, los odios, los señalamientos de culpabilidad, los ataques enconados, las descalificaciones, las contradicciones y las mentiras que hemos vivido en estos tiempos den paso a la supremacía de la ley. Aspiramos a un ambiente armonioso de construcción responsable del futuro nacional y a la superación de los graves problemas del país, ampliamente señalados. Todo ello debería ser fruto del entendimiento, el diálogo y una actitud de apertura frente a las distintas posiciones y criterios político-ideológicos.
¡Costa Rica lo merece y lo necesita para superar los rezagos que le impiden ser un país económica, tecnológica y socialmente mejor desarrollado!
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Marvin Herrera Araya es exministro de Educación Pública y exdiputado.