
Esta semana tengo el privilegio de participar nuevamente, como delegado del Business at OECD (BIAC) y representando al sector productivo de Costa Rica (Uccaep), en la reunión del consejo a nivel ministerial (MCM) de la OCDE, el principal foro político de la Organización y el espacio donde los países miembros definen las prioridades estratégicas para los próximos años.
La edición 2026, presidida por Finlandia, se desarrolla en un contexto especialmente desafiante. El mundo afronta una combinación de bajo crecimiento económico, tensiones geopolíticas, transformación tecnológica acelerada, inteligencia artificial, transición climática y cambios profundos en el comercio internacional. Ante este panorama, la OCDE ha colocado en el centro de su agenda temas como la productividad, la competitividad, la gobernanza de la inteligencia artificial, la resiliencia económica y la modernización de las políticas públicas.
El debate no podría ser más oportuno. El planeta está ante una combinación compleja de retos: menor crecimiento económico, tensiones geopolíticas, disrupciones en cadenas de suministro, envejecimiento poblacional, transición climática, aceleración tecnológica e inteligencia artificial. A ello se suma una creciente presión sobre los gobiernos para generar crecimiento económico que produzca beneficios tangibles para las personas y no solo buenos indicadores macroeconómicos.
En sus palabras inaugurales, el secretario general Mathias Cormann identificó seis prioridades estratégicas para el próximo periodo: revitalizar la productividad y la competitividad; fortalecer un sistema de comercio internacional más resiliente y equitativo, liderar la gobernanza de la transformación digital y la inteligencia artificial, impulsar mejores políticas climáticas, continuar el proceso de ampliación estratégica de la Organización, y seguir modernizando la propia OCDE para hacerla más efectiva y relevante.
Estos debates no son ajenos a Costa Rica. Son precisamente los temas que influirán en nuestra capacidad para atraer inversión, generar empleo de calidad, impulsar la innovación y competir en una economía global cada vez más compleja.
Por eso, es importante recordar que la adhesión de Costa Rica a la OCDE nunca fue un objetivo en sí mismo. Fue el inicio de una nueva etapa en la que el país decidió compararse con los mejores, adoptar estándares internacionales y participar activamente en los espacios donde se discuten muchas de las políticas que marcarán el futuro de nuestras economías.
Cinco años después de su ingreso, Costa Rica puede sentirse orgullosa del espacio que ha logrado construir dentro de este organismo. El país ha demostrado ser un miembro serio, constructivo y comprometido. Presidió la Reunión Ministerial de 2025, ejerció durante dos años la presidencia del Comité Ejecutivo de la OCDE y, actualmente, copreside el Programa Regional para América Latina y el Caribe. Más importante aún, ha desarrollado una reputación positiva basada en contribuciones técnicas sólidas y una actitud constructiva para la búsqueda de consensos.
Esa reputación no surge por casualidad. En organismos multilaterales como la OCDE, la influencia no depende del tamaño de la economía, sino de la calidad de las ideas, la credibilidad técnica y la capacidad de generar confianza.
Sin embargo, los activos institucionales también pueden perderse. La influencia internacional requiere continuidad, preparación y una presencia activa y consistente. Por eso, el desafío de los próximos años no consiste únicamente en conservar la membresía, sino en maximizar el valor estratégico que esta ofrece al país.
Ello implica seguir enviando delegaciones preparadas, fortalecer la coordinación nacional e involucrar cada vez más al sector privado, la academia y la sociedad civil en los trabajos de la Organización. También exige comprender que la OCDE no es solo una fuente de recomendaciones: es una plataforma para aprender, construir alianzas, anticipar tendencias y proyectar los intereses nacionales.
Costa Rica cuenta con una larga tradición de diálogo, construcción de consensos y compromiso con el multilateralismo. Esos atributos le han permitido ganarse un espacio de respeto dentro de la OCDE.
La pregunta ya no es si la membresía ha valido la pena. La verdadera pregunta es si seremos capaces de aprovechar plenamente las oportunidades que todavía ofrece. Porque ingresar a la OCDE fue un logro importante, pero mantener y ampliar la influencia que Costa Rica ha construido dentro de la Organización será lo que determine el éxito de nuestra membresía en los años por venir.
esoley@ecija.com
Elías Soley Gutiérrez es exembajador de Costa Rica ante la OCDE (2022-2026) y abogado socio de ECIJA (director de Políticas Públicas y Tecnología, Medios y Telecomunicaciones).