Costa Rica inició, el 1.° de mayo anterior, una nueva etapa legislativa en un contexto social en el cual no se puede dar el lujo de improvisar.
Nuestro país, lamentablemente, arrastra desafíos considerables en materia de seguridad, educación y salud que, poco a poco, se han convertido en la nueva cotidianeidad para la gran mayoría de costarricenses. No obstante, la ciudadanía requiere respuestas serias, sólidas y, sobre todo, articuladas.
El nuevo Congreso lleva sobre sí una carga de responsabilidad abismal para la subsistencia política de sus partidos y estará siendo observado por una ciudadanía cada vez más exigente y menos tolerante a la falta de voluntad política frente a las necesidades nacionales.
Me hizo particular ilusión el primer discurso de la diputada Abril Gordienko y la coalición planteada por los bloques opositores, los cuales subrayaron la necesidad del diálogo, la responsabilidad política y la construcción de acuerdos por el bienestar colectivo, más allá de agendas individuales.
Más allá de cualquier estrategia política, esto debe traducirse en una aplicación real de los valores éticos que se asumen al presentar una candidatura. Como ciudadanía, tenemos el deber de exigir una Asamblea capaz de legislar con sentido de urgencia frente a las carencias nacionales, pero sin sacrificar la calidad técnica de las decisiones.
Necesitamos controles políticos firmes, pero alejados de los espectáculos bochornosos que hicieron habituales muchos de los diputados del anterior cuatrienio. También necesitamos una Asamblea Legislativa que comprenda que su rol no es etiquetar ni dividir, sino construir en conjunto, porque para eso fue elegida por el pueblo.
Costa Rica debe dejar atrás las trincheras ideológicas, donde existen bandos de “buenos” y “malos”, según la perspectiva de quien emite el discurso.
Para llegar a acuerdos, no es necesario renunciar a las convicciones, sino entender que la democracia y la gobernabilidad se construyen mediante la negociación, el respeto y la humildad en favor del bien común. En ese sentido, el plenario legislativo aún tiene mucho camino por recorrer, aunque quiero creer que cada vez existe mayor conciencia sobre esa necesidad.
Es fundamental reconstruir la idea de que la confianza ciudadana, la transparencia, la rendición de cuentas y la comunicación clara no son aspectos negociables en materia de gobernabilidad. La ciudadanía no solo quiere resultados; también quiere entender cómo y por qué se llega a ellos.
Nunca avanzaremos como país si se prioriza el cálculo político de corto plazo por encima del interés público. Por eso, como ciudadanos, debemos exigir menos confrontación simbólica y más trabajo.
Pedimos a los diputados menos ruido y más resultados, porque, independientemente de quiénes sean los “comunistas” o los “fachos” de turno, la diferencia la marcarán quienes sepan escuchar, analizar y responderle al pueblo que los colocó en esa posición de poder. Esa será la verdadera prueba de fuego del nuevo Congreso.
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José Alonso Sánchez Vargas es estudiante de la Universidad de Costa Rica.