24 febrero, 2010

El saneamiento es un conjunto de técnicas y elementos destinados a fomentar las condiciones higiénicas de una vivienda, edificio o comunidad. Comprende el acceso a agua de calidad potable, la disposición adecuada de excretas (DAE) y la recolección y tratamiento de los desechos sólidos.

En este artículo nos concentraremos en la DAE o saneamiento básico (SB). Actualmente, un 40% de la población mundial (2.600 millones de personas) carece de SB, lo cual junto con la disposición deficiente de excretas constituye una de las fuentes de contaminación del agua y de transmisión de enfermedades infecciosas.

Las prácticas de SB promueven, desde hace 2.000 años, esconder las excretas humanas en pozos profundos o letrinas y tanques sépticos; y el uso de alcantarillas para diluir estos desechos en ríos, lagos y mares utilizando el mecanismo de “flujo y descarga”.

El método empleado, en las grandes ciudades urbanas es el tratamiento convencional de las aguas residuales recolectadas por un alcantarillado sanitario.

Sin embargo, se requiere mucha cantidad de agua para el drenaje y una inversión onerosa en su operación y mantenimiento.

Ante esta realidad, un grupo internacional de urbanistas, arquitectos, ingenieros, ecologistas, biólogos, agrónomos y científicos sociales desarrollaron un enfoque del saneamiento denominado “saneamiento ecológico” (SE), el cual ha sido impulsado por Suecia; se aplica en países asiáticos y existen ejemplos exitosos en México y algunos países de Centroamérica.

Sus componentes principales son: la naturaleza (clima, agua, suelo), la sociedad (hábitos, tabúes, patrones de asentamiento), el proceso de tratamiento de la materia fecal (físico, químico, biológico) y el aparato (inodoro, letrina, tanque séptico, etc.). El SE se basa en un proceso natural que permite ahorrar agua, no contaminar y regresar al suelo los nutrientes en las excretas humanas.

En resumen, el SE se fundamenta en tres principios: prevenir la contaminación, sanear la orina y las heces; y utilizar los productos seguros ya tratados con propósitos agrícolas, limitando así el uso de componentes químicos nitrogenados que contaminan las aguas subterráneas.

Esta visión se puede denominar “sanear y reciclar”, mediante la eliminación de los microorganismos de las heces a través de un tratamiento primario (deshidratación) y otro secundario, que consiste en incrementar el pH de los desechos agregando urea, ceniza o cal; en caso de necesitar un producto estéril se aplica carbonización o incineración.

Tradicionalmente, se emplea esta filosofía en poblaciones rurales, no obstante se podría implementar en áreas urbanas, si a los lodos, producto de los sistemas de tratamiento y tanques sépticos, se les aplican los tratamientos mencionados.

El SE se podría convertir, en las próximas décadas, en una revolución en la salud pública si se presenta un cambio de paradigmas en el tratamiento de las aguas residuales.