Aunque la respuesta pareciera un no, también se puede responder con un sí. Si bien muchos no hablan de ello, en la Iglesia Católica existen sacerdotes casados que no pierden su condición de hombres de Dios y siguen ejerciendo su ministerio.
Estos sacerdotes casados son católicos que pertenecen a las Iglesias católicas orientales. Son comunidades religiosas que tienen presencia en países como Armenia, Líbano, Siria, Israel, Irán, Iraq, Turquía, Egipto y en ciertos países de Europa (Grecia, Bulgaria, Hungría, Eslovaquia). Aunque sus comunidades de fieles son pequeñas, están unidas plenamente a la Iglesia Católica Romana.
Otro dato de consideración es la tradición de nuestra hermana Iglesia Ortodoxa, cuyo nombre completo es Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. Su nombre revela la cercanía de esta Iglesia con la tradición católica romana, con la cual comparte diez siglos de historia común. Fundada ella también en la tradición de los apóstoles, tiene sacerdotes casados y con familia.
El celibato. Toda esta evidencia hace pensar que en algún momento nuestra Iglesia Católica Romana pensó que era más conveniente el celibato para sus sacerdotes. Según las fuentes históricas la idea del celibato se inició pronto, hacia el siglo IV d. C. Y terminó de reglamentarse en el siglo XII d. C., en el Primer Concilio Laterano (1123).
Se habla de razones sociales, aunque otros prefieren dar razones teológicas. Me parece que las tradiciones católicas orientales y ortodoxas respaldan la idea de que fue una opción de la Iglesia Romana y que continúa defendiendo. Así que la posibilidad de cambios en el celibato sacerdotal es una decisión que teóricamente se puede dar.