La Compañia Nacional de Danza (CND) es el espacio para el que trabajé durante 13 años, un lugar que conocí desde distintas aristas, como bailarín, como coreógrafo y como profesor. Durante el tiempo que trabajé para esta institución siempre estuvo claro para mí que el esquema por el que se regía la compañía necesitaba una revisión.
Este tema es importante analizarlo en perspectiva; está claro que las necesidades de cambio no son las mismas ahora que las de hace 10 años, pues el medio de la danza cambió considerablemente.
Cuando pensamos en la CND, resulta fácil darse cuenta que esta fue creada para satisfacer las necesidades del medio de la danza, así como de potencializarla y difundirla. Este razonamiento obedece a una política en la que las instituciones del Estado son para y por los costarricenses.
Hago mención de esto pues considero que la compañía en estos momentos responde un patrón ya caduco que obedeció a las necesidades de un medio ya extinto, probablemente cuando el gremio de la danza era mucho más pequeño y las necesidades institucionales eran muy distintas de las actuales.
Cambios. Actualmente, el gremio de la danza es mucho mayor. En los últimos 10 años las 3 instituciones estatales dedicadas a la formación de bailarines han graduado alrededor de 200, un hecho sin precendentes dentro de la historia de la danza costarricense.
Por otro lado, existe en el medio una proliferación de academias con resultados dignos de mencionar, todo esto sin tocar el importante Conservatorio Castella.
En este sentido, vale la pena analizar lo siguiente: la CND es una institución que por años ha mantenido en plazas interinas a su elenco estable, ofreciendo contratos por servicios profesionales a bailarines del medio de la danza.
Es importante anotar que la cantidad de bailarines contratados por esta institución en los últimos 10 años no supera los 30, cifra que deja mucho que desear suponiendo que solo las instituciones estatales egresaron a más de 200.
Por otro lado, las plazas interinas con las que cuenta la CND llevan siendo ocupadas por más de 20 años, en su mayoría, por los mismos bailarines.
Estos no tienen ninguna posibilidad distinta que no sea bailar, ni ningún tipo de contemplación que potencialice el momento en el que se encuentre un bailarín de larga trayectoria (suponiendo que este desee hacer otra cosa por no decir que el cuerpo del bailarín se transforma y se va deteriorando).
A pesar de esto, el señor Humberto Canessa, en el año 2008, me ofreció la posibilidad de continuar mi desarrollo dentro de la CND como profesor; esto, debido a que le manifesté que mi ciclo como bailarín había ya acabado y que deseaba continuar evolucionando en otra área de la danza.
De esta manera me mantuve como profesor, hasta que la actual directora, señora Mimi González, muy a sabiendas de mi desinterés de bailar y teniendo casi 2 años consecutivos de trabajar como profesor, me pidió que regresara a hacerlo.
Debido a mi negativa, el Melico Salazar inició un proceso en mi contra que resultó en un despido sin responsabilidad patronal.
Me resulta importante contar mi experiencia personal pues considero que es un claro ejemplo del desinterés de la administración actual, tanto de la CND como del Teatro Popular Melico Salazar, por potencializar el recurso humano con el que cuentan, así como de atender a los nuevos paradigmas que son planteados y la necesidad que tienen las nuevas generaciones de optar por un espacio como este.
Otros tiempos. De igual manera, me parece necesario replantearse las bases que conforman a la CND, y lo que considero una de las cosas más importantes: ¿qué es lo que está sucediendo en el medio de la danza nacional? Hoy vivimos un tiempo distinto, los grupos de estudiantes superan los 20 estudiantes, el número de hombres es mucho mayor y ni hablar del de mujeres; los proceso creativos han cambiado, los valores técnicos se replantean y la visión de lo que es o no danza navega por la mente de muchos jóvenes.
A pesar de todo esto, las oportunidades para que bailarines del medio puedan ingresar dentro de la CND parecen cada día menores, por no decir que nulas. ¿Cuál es la CND que necesita nuestro país en un contexto como este? Esta y muchas preguntas se ponen en tela de juicio cuando ponemos el tema sobre la mesa...