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Recuerdos afectuosos sobre el papa Ratzinger

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En el año 1971 tuve la ocurrencia de escribirle una carta al entonces profesor Ratzinger y lo hice con la impresión de estar desperdiciando tiempo, papel y estampillas. Sorprendido, recibí una respuesta calurosa que conservo en la memoria porque perdí el texto, que ahora sería un valioso autógrafo. Desde ese momento, sentí que ese civis bavaricus (así lo llamó Strauss en la despedida de Munchen) era eso, un bávaro que hacía honor a la proverbial amabilidad de los bávaros que consideran “pruso” todo el arquetipo de alemán que tenemos los ticos. Se confirmó mi impresión cuando me contestó una felicitación que le envié cuando el gran papa Pablo VI lo hizo cardenal y monseñor Barquero, obispo emérito de Alajuela, me contó que en una reunión muy seria que hubo con él en Colombia se notaba su amabilidad.








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