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Querida San José

Cuando el gobierno decretó el teletrabajo para los empleados públicos, la ciudad se vino abajo

Ciudad Gobierno, Ciudad Tecnológica, Ciudad Inteligente... ¿qué habrá pasado con nuestra querida ciudad de San José? Debemos ser francos, San José tenía muchos defectos, pero era una ciudad viva. Hoy, con excepción de las semanas del Viernes Negro y la Navidad, es la sombra de lo que fue.

Cuando el gobierno decretó el teletrabajo para los empleados públicos, la ciudad se vino abajo. Antes no se encontraba un local comercial disponible y miles de personas trabajaban y caminaban por las calles; hoy hasta los vendedores ambulantes se fueron. Tenía razón la ministra Pilar Garrido, los funcionarios y las instituciones públicas son un gran propulsor de la economía local.

En la actualidad no solo sobran locales comerciales, sino también edificios cuya razón de ser era albergar gente para atender al sector público. El vaciamiento se traduce en un grave desempleo y en una alarmante subutilización de oficinas, amén de los problemas sociales, económicos y ambientales.

La esperanza es que los funcionarios regresen a dar vida a San José, aunque, desafortunadamente, no existe certeza de cuándo y, aun si volvieran, el proyecto Ciudad Gobierno pretende llevárselos fuera del centro histórico. Con un costo cercano a los $350 millones para el ya fuertemente endeudado Estado, Ciudad Gobierno propone construir oficinas, locales comerciales, parques y espacios de esparcimiento y, tal vez, apartamentos para vivir.

Lo triste es que todo eso existe en San José. Antes de la pandemia, había 30 edificios vacíos de la segunda planta para arriba; algunos, si no fuera por el Plan Director Urbano, podrían ser transformados en apartamentos para que quienes trabajan en la ciudad anden a pie, sin contaminar, sin permanecer interminables horas en presas, con lo cual contribuirían a reducir el tráfico, y a la seguridad, pues el centro no quedaría vacío en la noche.

El problema estético y funcional capitalino es un problema originado varias décadas atrás. Es necesaria la reparación de aceras, la restauración de fachadas de edificios y el embellecimiento con plantas y arte para devolverle el atractivo.

El remozamiento es posible por un costo muy inferior a los $350 millones que quieren gastar en Ciudad Gobierno. Si la preocupación es reducir el pago de alquileres, ¿qué mejor momento que este para renegociar las mensualidades o comprar los edificios?

Las ciudades vivas y sostenibles son aquellas socialmente integradas, diseñadas para la gente y no para los automóviles, de usos mixtos, con infraestructura adecuada y áreas verdes y una variada oferta de servicios y espacios para el encuentro y el entretenimiento.

Reitero que estética y funcionalmente el centro capitalino se fue descuidando, pero, en integración social, cumplía fielmente los valores costarricenses; la chancera, el diputado, el turista, el pensionado, el banquero y el vendedor ambulante se veían las caras, se saludaban y compartían la avenida central todos los días. Las propiedades privadas y estatales se mezclaban y se fundían en un todo.

No obstante sus defectos, el centro histórico de San José, urbanísticamente, está muy bien equilibrado y cuenta con excelente infraestructura que cuesta mucho dinero: calles orientadas norte-sur, avenidas orientadas este-oeste, agua, electricidad y la mejor fibra óptica de Internet.

El centro se recorre a pie o en bicicleta y dispone de oficinas privadas y de Gobierno, parques, iglesias, pulperías, bares, zonas peatonales, teatros, museos, hoteles, hospitales, escuelas, colegios, universidades, bancos, mercados, restaurantes y comercios.

Donde sí hay un grave problema es en la oferta residencial. Lo único que se está duplicando son las cuarterías; sin embargo, bastaría con modificar el plan regulador urbano para incentivar la reconversión de edificios ociosos en residenciales o para otros usos convenientes, cumpliendo normativas internacionales establecidas para centros históricos.

Ciudad Gobierno podría terminar siendo un desperdicio de los limitados y comprometidos recursos públicos y acabar con el motor que impulsaba la regeneración tan anhelada del centro de San José.

Irónicamente, Ciudad Gobierno se promueve como un proyecto sostenible, pero no hay nada que impacte negativamente el medioambiente, la economía y la sociedad que la construcción innecesaria de edificios y el desaprovechamiento de infraestructura existente.

Las tan necesarias iniciativas del gobierno nacional y local deben volver a poner de pie no solo la ciudad de San José, sino también a las personas que dependemos de San José (chanceros, hoteleros, vendedores ambulantes, comerciantes y un sinfín de ciudadanos).

Deben emplearse las tres erres: regenerar, renovar y reutilizar. Los ejemplos en nuestra querida capital abundan: el Gran Hotel Costa Rica, el edificio La Llacuna, la plaza de la Cultura, el Museo del Oro del Banco Central y la plaza Juan Mora Fernández, aún en proceso.

No es casual que se encuentren juntos, porque cuando un vecino le pone amor a su propiedad inspira a los demás y se entra en un círculo virtuoso, como estaba ocurriendo gradualmente en el centro de San José, pero la pandemia paralizó el proceso positivo.

Es curioso, todas las iniciativas para mejorar el centro de la capital están fuera de ella. Como si, para que yo me curara, le dieran la medicina a otro. ¿Qué opina usted?

ggraziano@balmoral.co.cr

El autor es vicepresidente de la Cámara de Hoteles del Centro de San José.

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