Como ciudadano y empresario costarricense preocupado y curioso, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué está pasando con el mundo? ¿Qué implicaciones tienen estos cambios para países pequeños como el nuestro? ¿Y cómo podemos prepararnos?
Durante los últimos años, se ha popularizado el término “nueva normalidad”. En un sentido tradicional, se refiere a ese estado al que se llega después de una gran crisis, cuando la realidad cambia y no vuelve a ser como antes la conocíamos.
Hoy, viendo la magnitud de los eventos globales recientes –crisis sanitarias, giros políticos, tensiones económicas, guerras–, me parece que esa definición se queda corta. No estamos simplemente asentándonos en un nuevo orden: estamos atravesando una transformación profunda, incierta y, en muchos sentidos, apenas en desarrollo.
Sin duda, el mundo se está reconfigurando y no tenemos una bola de cristal para predecir la medida de la transformación.
Por una parte, la segunda administración del presidente Donald Trump ha venido marcando un punto de quiebre. Las medidas para que otros países dejen de depender de Estados Unidos dejan claro que el país más poderoso del mundo no está dispuesto a seguir sosteniendo estructuras multilaterales como antes. Esto se traduce en una cadena de ajustes y cambios en relaciones internacionales, tratados de comercio, organismos financieros y alianzas estratégicas.
Al mismo tiempo, muchos países han girado hacia gobiernos conservadores o de extrema derecha, cambiando las prioridades de política pública y replanteando su lugar en el tablero internacional. Lo que antes se daba por sentado (cooperación, apertura, alianzas duraderas) hoy se encuentra en duda o en proceso de renegociación.
Y mientras el orden occidental tradicional cambia, emergen nuevas propuestas de poder.
China, junto con otros países del llamado Sur Global, está promoviendo el uso de monedas diferentes al dólar para el comercio internacional, desafiando la hegemonía económica estadounidense. Bloques como los BRICS buscan redibujar las reglas del comercio y las finanzas mundiales.
Incluso temas altamente técnicos y aparentemente lejanos, como la explotación de minerales raros en Ucrania, hoy tienen implicaciones geopolíticas profundas. Recursos naturales estratégicos se han convertido en puntos de fricción que definen alianzas, conflictos y movimientos militares.
¿Qué pasa con Costa Rica?
Desde nuestra posición geográfica y económica, estos cambios pueden parecerles ajenos a muchas personas. Pero no lo son. Somos un país pequeño, abierto al mundo, altamente dependiente del comercio, la inversión extranjera y los marcos internacionales de cooperación. En otras palabras: cualquier reordenamiento global nos afecta.
Más que temerle al cambio, debemos tratar de comprenderlo. No podemos controlar los movimientos tectónicos del sistema internacional, pero sí podemos prepararnos para navegar en la reconfiguración.
Si hay algo de lo que sí estoy totalmente seguro es de que el talento costarricense seguirá siendo nuestro principal activo y la educación, su principal bastión. Fortalecerla no es solo una consigna: es una necesidad urgente.
La nueva normalidad requerirá talento capacitado, pensamiento crítico, habilidades digitales y una ciudadanía consciente del entorno global.
Además, debemos diversificar nuestras alianzas, explorar nuevas regiones del mundo, integrarnos en cadenas de valor sostenibles y apostar por sectores que combinan innovación con nuestros valores: la tecnología limpia, la biodiversidad, la educación, la paz.
Este artículo no pretende ofrecer soluciones definitivas. Más bien nace de la inquietud de querer entender mejor el mundo que estamos heredando y construyendo. Creo que ese deseo de entender ya es un primer paso.
Como país, debemos comenzar a conversar con seriedad sobre estos temas. Hacerlo no es pesimismo ni alarmismo, sino responsabilidad. En un mundo que cambia tan rápido, quedarse quieto también es una decisión… y probablemente no la mejor.
Luis Gamboa A. es empresario, expresidente de Cinde y de la Asociación Pro Hospital Nacional de Niños y miembro del Comité de Expresidentes de Amcham.
