
Puerto Viejo de Talamanca afronta una situación que ya no puede considerarse aislada. En las últimas semanas, en la entrada del pueblo, así como en Cocles y en Manzanillo, entre otras localidades, el mar ha avanzado hasta la calle pública a consecuencia de frentes fríos más intensos, lluvias y vientos persistentes.
Este fenómeno ha puesto en riesgo nuestra infraestructura esencial: puentes, paradas de autobús, señalización vial, pollos, líneas eléctricas, cañerías, asfalto, además de comprometer la seguridad de peatones, ciclistas y conductores.
La erosión costera que hoy afecta el Caribe costarricense debe entenderse en un contexto amplio e integral. El aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de eventos extremos son consecuencias ampliamente documentadas del cambio climático.
En medio del debate público, ha surgido la idea de responsabilizar a las construcciones por el avance del océano. Esta lectura omite un elemento fundamental: muchas de estas edificaciones tienen décadas de antigüedad y fueron erigidas cuando la línea costera partía de un punto distinto. En el caso de estructuras nuevas, estas cumplieron y fueron aprobadas con la normativa vigente.
Plantear esta situación como un conflicto polarizado entre protección ambiental y actividad humana es un error conceptual. La adaptación al cambio climático exige proteger ecosistemas y, al mismo tiempo, resguardar a las personas y la infraestructura que sostiene la comunidad. Ambas dimensiones deben avanzar de la mano.
El desafío actual es proteger el bien común que está siendo amenazado por cambios globales acelerados. La discusión debe centrarse en cómo resguardar la vía pública, las edificaciones y los servicios básicos ante el avance del mar, entendiendo que su desaparición no detendría el fenómeno, pero sí tendría consecuencias profundas para sus habitantes.
Puerto Viejo es una comunidad habitada por familias que dependen de la actividad turística, comercial y residencial para su subsistencia. Pequeños hoteles, sodas, comercios y viviendas generan empleo, encadenamientos productivos y dinamismo económico en el cantón de Talamanca. Proteger estas actividades es una forma de preservar la base social y económica del territorio frente a un riesgo creciente.
Existen soluciones técnicas para situaciones similares, que han sido aplicadas en otras regiones –en Limón centro o puerto Caldera, en el Pacífico–: tajamares, rompeolas, malecones, barreras de piedra. Avanzar en esta línea permite reducir riesgos y ganar tiempo frente a eventos que, fácil es predecirlo, se repetirán.
Puerto Viejo no solicita privilegios ni excepciones. Lo que requerimos es una respuesta preventiva, pronta y articulada, que permita proteger la vía pública, las construcciones existentes y nuestro tejido social.
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Marcela Matarrita Zeledón es comunicadora y vecina de Puerto Viejo, Limón.