Puse a 70 estudiantes de diversa proveniencia geográfica, socioeconómica, y académica, en un aula durante 3 ó 4 horas a oír incesantes críticas de economía, política, religión, etc. Buscaba generar un interesante debate de argumentos variados, pero la realidad ni se acerca a este propósito.
Unos diez estudiantes conversan sobre la mejenga de ayer en el fondo de la clase. Aproximadamente treinta luchan contra el peso de sus párpados y el arrullo del locutor (apenas son las 7 de la mañana). Unos quince ya perdieron esta batalla y nada más se abrazan a sus pupitres, que hacen las veces de almohada.
Me quedan los dos o tres aquí al frente, que miran con ojos perplejos al mesías revelador de tan indignantes verdades (ya son las 7:35, pero los otros doce aún no llegan). Tengo aún la leve ilusión de que alguno de estos últimos logre desanudar la lengua y apoyar, o rebatir las declaraciones del profesor.
Acríticos. Estos son los cursos de humanidades, elementales en la formación de profesionales integralmente educados. Es aquí donde empieza la educación de esos estudiantes críticos y autónomos que alaba y defiende –extraño: ninguno se defendió solo– Rodrigo Barahona (La Nación, Foro, 23/5/09). Ellos son la futura élite del pensamiento de nuestro país, una raza privilegiada de personas cultas y educadas.
¿Cómo osó Jacques Sagot ( La Nación , Página Quince, 14/5/09) atacar a la especie universitaria? ¿No ve acaso que dos de cada setenta estudiantes participan en clase? ¿No se da cuenta de que se le saca el jugo a estos cursos, que no se perciben solo como un estorbo que hay que pasar? ¿No es evidente que se cumple con el objetivo de formar personas con criterio?
Critico: la gente se cree crítica porque critica, sin saber que la crítica les fue impuesta. De los dos o tres alumnos que se asombraron en la clase, sería un milagro si uno sólo fuera a corroborar lo que se les dijo. Se toma por un hecho que se les reveló la verdad; debe serlo, si lo dice un profesor universitario ¿Dónde quedó entonces el razonamiento propio, elemento fundamental del pensamiento crítico? No hace falta, ya que alguien más ya pensó por nosotros.
Imposición y credulidad. Don Jacques tiene razón, y estoy seguro de que esto no lo alegra. Los profesores pecan por imposición de postulados más que de dudas, los estudiantes por peligrosa pasividad y triste credulidad. Y lo que resulta son jóvenes enmascarados gritando consignas que ninguno podría fundamentar.
Por eso, no me vengan a hablar de madurez y crítica social cuando lo que veo todos los días es la moda de criticar, y adaptarse a la moda nunca requirió razonamiento.
Sé que retrato a muchas personas al decir esto, y que mis compañeros se sentirían insultados. Sin embargo, no me preocupa en lo más mínimo. No se trata de valor, sino de simple conocimiento, y es que lo más gracioso de esta situación es que, de los pocos estudiantes que desafían el orden establecido leyendo la infame “Nazión”, la mayoría va a pasar directamente de Viva a los Deportes, algunos pasarán por los Sucesos, un puñado se fijará en las noticias nacionales, pero ninguno va a leer esta nota.