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Por sus zapatos los conoceréis…

 Fue valentía individual, como cuando aquel tico quemó un mesón donde había invasores

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A mí, esos caitazos me tomaron de sorpresa, como a todos, pero no dejan de seguir impresionando. El presidente Bush sonrió, como siempre, pero podría también justamente implicar que ni por asomo valoró la gravedad del contexto, en la época posterior a Sadam Husein, a quien por supuesto nadie defiende. Después del cuento ese de las armas de destrucción masiva, su contrincante entró en Iraq con pies, ¡qué digo!, con zapatos de plomo. Podría haberse dado cuenta ya de que su intervención en este país no fue exactamente como un paseo por los jardines de la Casa Blanca.








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