
Los costarricenses nos enfrentamos a una elección presidencial con un matiz diferente. El país tiene enormes retos; para mencionar algunos:
♦ Dinamizar el crecimiento de las empresas tradicionales que no operan en zonas francas, pero aportan el grueso para sostener las finanzas del Estado,
♦ Transformar el modelo educativo elevando la calidad de la educación pública.
♦ Construir un modelo de salud universal que sea digno y eficiente.
♦ Evitar el colapso anticipado del modelo de pensiones.
♦ Reavivar la esperanza y el crecimiento económico para las poblaciones de la zona rural y costera.
♦ Reducir la desigualdad de ingreso y retomar el liderazgo del sector turismo, que viene perdiendo velocidad.
Esta lista de retos urgentes hoy cede la prioridad a uno en particular: la creciente ola de criminalidad y narcotráfico. Las encuestas populares y empresariales señalan la inseguridad como la principal preocupación de los costarricenses y el registro histórico de homicidios respalda ese sentir.
Nunca antes, en la historia de este país, ha habido tanto dinero e interés enfocado en destruir y burlar el orden y la justicia. Pareciera haber una correlación directa entre la cantidad de homicidios, bandas y dinero disponible para comprar voluntades.
Para peores, el narcotráfico encuentra una Costa Rica dividida y polarizada, lo que pareciera ser el caldo de cultivo perfecto para penetrarnos como sociedad y desmantelar la democracia que nos ha dado paz, orgullo y tranquilidad durante tantos años.
Cuando los que vivimos bajo un mismo techo estamos peleados, separados y confundidos, es mucho más fácil para el ladrón atacarnos. Cuando el crimen está acechando, es cuando más unidos, comunicados y sintonizados deberíamos estar para defender una causa común y de interés para todos.
En este contexto histórico, Costa Rica necesita líderes capaces de construir consensos a pesar de las diferencias. Líderes que representen los intereses de diferentes sectores y tendencias con la capacidad de llegar a acuerdos basados en una visión de largo plazo.
Debemos estar unidos para articular una defensa robusta contra el crimen y retomar la seguridad que hemos tenido durante décadas. También está claro que el país necesita una nueva generación de líderes políticos que construyan credibilidad con el electorado.
La agenda de pendientes para transformar el país no se logra completar en cuatro años si se hace considerando y respetando las diferentes posiciones de una Costa Rica más plural que antes.
Por eso, el país requiere un liderazgo capaz de llegar a acuerdos bajo una visión común de perspectivas diferentes. Una figura que inspire tranquilidad y confianza con carácter y aplomo. Una figura política que entienda la convivencia y representación de varios partidos políticos en la Asamblea Legislativa como una condición para mostrar su liderazgo negociador. Una figura que, otorgando y exigiendo respeto, defienda las instituciones de control democrático y respete los demás poderes de la República.
El acecho del crimen es preocupante y los retos país se han acumulado. ¿Queremos un país democrático o estamos dispuestos a desmantelar nuestra democracia?
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Luis Diego Montero Rosabal es empresario y administrador de empresas.