
El 24 de enero, el mundo celebrará el Día Internacional de la Educación bajo el lema “El poder de la juventud en la cocreación de la educación”. Más que una efeméride, esta fecha llega cargada de urgencia y de propósito, sobre todo en Costa Rica, donde el conocimiento siempre ha sido la piedra angular del desarrollo democrático.
En un mundo donde más de la mitad de la población es menor de 30 años, es imposible hablar de educación sin hablar de juventud. Las y los jóvenes representan la energía vital que moviliza cualquier transformación social, tecnológica y cultural. Son quienes habitan las aulas, experimentan las desigualdades, sufren los efectos de las brechas digitales, pero también son quienes mejor comprenden los nuevos lenguajes del cambio.
Atravesamos un año crucial. Las elecciones presidenciales del próximo 1.° de febrero definirán no solo un gobierno, sino el rumbo de nuestra educación pública, la orientación de las políticas laborales y el alcance de las oportunidades futuras. Por eso, este Día Internacional de la Educación no puede quedarse en discursos o conmemoraciones: debe ser un recordatorio de que educar también implica votar con conciencia.
En 1889, cuando los costarricenses salieron a defender el respeto al voto, y en 1949, cuando una nueva Constitución abolió el ejército y consagró la educación como un derecho, este país decidió que la paz se construye con sabiduría y no con armas. Hoy ese legado nos convoca otra vez; la revolución tecnológica nos desafía a repensar no solo qué enseñamos, sino para qué y cómo lo hacemos. ¿Estamos formando jóvenes capaces de crear, de cuestionar, de resolver y de emprender en un mundo cada vez más complejo?
El lema de este año, “El poder de la juventud en la cocreación de la educación”, no es una consigna simbólica: es una hoja de ruta. La educación ya no puede diseñarse desde arriba ni desde los escritorios. Debe construirse con las voces de las y los estudiantes, con su mirada fresca sobre lo que funciona y lo que no, con su comprensión del presente y sus aspiraciones sobre el futuro.
En este contexto electoral, quienes tienen edad para votar están llamados a hacerlo pensando también en su derecho a un sistema educativo de calidad, inclusivo y conectado con los desafíos del siglo XXI. Por eso, el acto de votar no es solo político; es pedagógico. Es, en esencia, un ejercicio de autoconocimiento y de responsabilidad ciudadana.
Las universidades públicas, y en particular la Universidad Nacional, tienen décadas de ser testigos y protagonistas de esa vocación democrática que apuesta por el conocimiento como herramienta de equidad. Hoy reafirmamos ese compromiso convocando a la juventud a involucrarse, no como espectadores, sino como cocreadores en el diseño de la educación que Costa Rica necesita para seguir siendo libre, justa y solidaria. Porque, en tiempos de transformación global, la educación no es solo un derecho: es el voto más poderoso para cambiar el futuro.
Jorge Herrera Murillo es el rector de la Universidad Nacional (UNA).