
La sabiduría popular costarricense alberga una verdad elemental y pacífica: “Para pelear, se necesitan dos frentes, y nosotros no estamos dispuestos a entrar en esa dinámica”. Esta premisa cobra hoy una vigencia crucial ante la reciente convocatoria planteada en la corriente pública para realizar concentraciones el próximo 14 de setiembre. El llamado a ignorar los eventos de confrontación centralizada no es un acto de debilidad; es una demostración de profunda madurez civil y un blindaje democrático contra la manipulación política.
Convocar o asistir a manifestaciones de choque en el epicentro donde sesionará el Consejo de Gobierno, ante un fuerte despliegue de presencia policial, es una decisión que merece una profunda reflexión. No necesariamente quienes promueven movilizaciones tienen propósitos de violencia; incluso podría tratarse de personas de buena voluntad que no han dimensionado las posibles consecuencias de una concentración en esas condiciones de alta hostilidad gubernamental.
Sin embargo, una iniciativa bien intencionada puede convertirse, involuntariamente, en el escenario perfecto para una provocación o una instrumentalización política. De ahí la necesidad imperativa de actuar con sensatez y evitar cualquier situación que sea aprovechada por quienes sí tengan interés en generar conflicto.
Tenemos que reconocer que la estrategia del Poder Ejecutivo actual ha sido, desde el primer día, la polarización permanente. Su aparato de propaganda se alimenta del conflicto, dividiendo el país entre “buenos y malos” para desmantelar los controles institucionales y debilitar el sistema democrático.
El “chavismo a la tica” busca desesperadamente un río revuelto –un estallido de violencia o un choque de barras bravas en las calles– para pescar ganancias políticas, victimizarse ante la opinión pública y culpar a los movimientos ciudadanos de una inestabilidad que ellos mismos provocan.
Caer en dinámicas de confrontación directa significaría ceder ingenuamente ante su trampa, regalándoles el segundo frente que necesitan para validar su narrativa de odio y división. La verdadera resistencia civil frente al autoritarismo discursivo consiste, precisamente, en el vacío estratégico frente a la agresión y en la ocupación pacífica y soberana de nuestros espacios comunales. Como bien nos recuerda la máxima de la filosofía estoica: “El que tiene suficiente poder para provocar tu ira, tiene suficiente poder para gobernarte. No le regales al opresor el segundo frente que necesita para justificar su fuerza”.
Por ello, la contrapropuesta cívica más potente, inteligente y oportuna no es el inmovilismo, sino sumarnos de forma masiva, organizada y estrictamente pacífica a la “Faroleada por la democracia” convocada para este 14 de setiembre a partir de las 4 p. m. en cada región del país por la Colectiva Autónoma por la Resistencia Social (el mismo frente de más de 40 organizaciones, sindicatos como Sitrajud y federaciones estudiantiles que lideró el ejemplar plantón del 6 de agosto).
El éxito y la viabilidad de esta gran jornada nacional dependerán de nuestra madurez para participar con absoluta firmeza ideológica, pero con el cuidado milimétrico de no caer en provocaciones. La instrucción es clara: hagamos nuestra esta gran movilización cantonal y regional lejos de los focos de fricción oficialista, inundando los desfiles y las plazas locales mediante la “Campaña del farol blanco”, utilizando luces blancas fijas o lazos del mismo color en los faroles de nuestras familias, o bien, izando banderas blancas. Estas consignas visuales unificadas enviarán un mensaje unánime e incontestable: nuestro pueblo abraza la concordia y rechaza de forma absoluta la retórica del odio, arrebatándole el monopolio de la fiesta patria al oficialismo sin alterar la alegría de la infancia.
Lanzo un llamado vehemente a todas las personas y organizaciones de buena voluntad –incluyendo a las iglesias en sus distintas confesiones, a los medios de comunicación independientes, las asociaciones de desarrollo, las juntas de educación y los comités de vecinos– para que acuerpen activamente esta convocatoria de la Colectiva Autónoma, la divulguen con determinación y vigilen comunitariamente que la actividad mantenga su espíritu de paz inquebrantable.
No olvidemos que Costa Rica ha construido su excepcionalidad internacional sobre una premisa indivisible: somos un pueblo que resolvió sus diferencias con argumentos y votos, nunca con gritos estridentes, botas ni garrotes. Las notas de nuestro Himno Nacional no son poesía muerta; la consigna de “Vivan siempre el trabajo y la paz” configura el ADN de nuestra convivencia.
El próximo 14 de setiembre, la mejor forma de defender la patria y resguardar la democracia es protegiendo la paz de nuestros niños y la integridad de nuestras instituciones mediante la prudencia colectiva. Dejemos que la agresión hable sola en el vacío de sus provocaciones. Demostremos que los costarricenses elegimos el respeto que nos ha hecho grandes ante el mundo.
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Jaime E. García González es profesor catedrático jubilado de la UCR y UNED, y miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB) y de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL).