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Políticos y pastores se confundieron de toga, de púlpito y de atril

Doña Laura Fernández resultó hasta ecuménica: un día, quiere una misa en la basílica de los Ángeles, y al otro, se reúne con lo más conservador de los sectores evangélicos para ofrecer, de forma descarada, puestos como botín de guerra

Con la candidata Laura Fernández sentada y asintiendo, pastor Reynaldo Salazar anunció que Pueblo Soberano puso 24 candidatos a diputado evangélicos
Con la candidata Laura Fernández sentada y asintiendo, pastor Reynaldo Salazar anunció que Pueblo Soberano puso 24 candidatos a diputado evangélicos La Nación
Con la candidata Laura Fernández sentada y asintiendo, pastor Reynaldo Salazar anunció que Pueblo Soberano puso 24 candidatos a diputado evangélicos
Laura Fernández junto al pastor Reynaldo Salazar. Esta es una captura de pantalla de un video en que se ve a la candidata asintiendo múltiples veces cuando Salazar detalla los acuerdos pactados con el Partido Pueblo Soberano. (La Nación/Reproducción)

A lo largo de la historia política moderna, el liberalismo ha desempeñado un papel central en la construcción del principio de separación entre la Iglesia y el Estado. Esta idea, que hoy se considera un pilar de las democracias contemporáneas, nació de la convicción de que la libertad individual y la igualdad ante la ley solo pueden garantizarse plenamente cuando el poder político se mantiene neutral frente a las creencias religiosas.

Desde sus orígenes, en los siglos XVII y XVIII, los pensadores liberales cuestionaron los sistemas en los que la autoridad política se legitimaba por medio de la religión. Filósofos como John Locke defendieron la tolerancia religiosa y la primacía de la conciencia individual, sentando las bases para un Estado que no impusiera una fe oficial ni persiguiera a quienes profesaran creencias distintas. Para los liberales, la religión debía ser una elección personal, no un requisito de ciudadanía.

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