El voto es un derecho que como tal no incluye el de ofender y agredir a quienes no piensan como nosotros. La lucha por nuestros ideales se manifiesta claramente el día que ejercemos ese derecho, pero que debemos mantener vivo los más de 1.400 días que no nos toca acudir a las urnas.
¿Querés un cambio? ¡Votá! ¿Estás enojado? ¡Votá! ¿Te gusta lo que ves? ¡Votá! Ese es tu derecho, pero por favor, no te peleés con tus compatriotas. No ofendás al criterio ni ataqués a la persona.
Podemos disentir, claro que sí. Podemos compartir nuestra postura adversa y enfrentar una discusión que se sabrá sana, si al final podemos brindar juntos los azules con los verdes y los naranjas, porque de eso se tratan, precisamente, los valores republicanos acrisolados en democracia.
La imposición de un criterio sobre el resto de la población es la forma destructiva que hemos visto claramente florecer en las peores tiranías de la historia y en las que las minorías, se convirtieron en las víctimas iniciales de un sufrimiento que luego se generalizó en toda la población.
Disentir es hermoso. Compartir con quienes piensan diferente es hermoso también. Mostrar tus argumentos opuestos no solo es hermoso, sino que también es una obligación, ya que debemos defender nuestros criterios y valores. Este escrito no trata del buenismo, porque el buenismo es también peligroso al permitir agravios sociales con tal de no hacer problema. De lo que trata este escrito es que hablemos con decencia, que no ofendamos a la persona ni al mensaje, de que no ofendamos, punto.
Al haber culminado la primera ronda electoral, nos llenamos de retórica diciendo que «el soberano ha hablado, el soberano ha tomado la decisión, el soberano esto y el soberano aquello». ¿En serio? Si así fuese, ¿por qué seguimos discutiendo y atacando el resultado emitido por el mismo soberano?, y peor aún, ¿por qué prejuzgamos la decisión que vendrá en el balotaje con ataques y agresiones a, precisamente, el soberano?
Hoy estamos viendo las tragedias humanas que azotan al planeta: desde pandemias hasta invasiones. ¿Vamos nosotros a empeorar la situación irrespetándonos mutuamente o vamos a mostrarnos como los agentes civilizados de una humanidad carente de sensatez?
La convivencia pacífica no es un tema nuevo ni asunto resuelto. Se trata de uno de los temas de mayor controversia y que discutidos en todos los foros humanos, por lo que como ciudadanos no podemos permitir que su solución solo venga de los agentes de poder, sino que, como actores universales de la sociedad, debemos ser quienes cuidemos el delicado tejido de convivencia del que somos parte.
En resumen: no nos ofendamos mutuamente. No perdamos la fe en los principios fundamentales de nuestro hermoso y fantástico país, construido en el marco de la libertad y el respeto de los derechos, pero que hoy, parecemos no entenderlo y estamos ofendiendo tras un teclado interfase protector, sin darnos cuenta del daño estructural que estamos causando.
No sos defensor de los derechos humanos cuando agredís a quien no piensa como vos.
Te propongo lo siguiente: reunite con azules, verdes y naranjas, celebrá, abrazá y demostrá que los costarricenses somos esa extraña especie que sí puede convivir, disentir, concluir y construir. Alea iacta est.