En La Nación ( Foro, 19/01/09) aparece un artículo titulado “Yo no creo en Piaget” . En él se habla del valor del enfoque piagetiano dentro de la pedagogía moderna.
Se critica a Piaget sobre la supuesta base de que, como los actuales enfoques pedagógicos, se fundamenta en “paradigmas filosóficos”. Según el autor, el problema con la filosofía es que tanto se puede afirmar algo como negarlo. O sea, “La filosofía plantea cosas interesantes, pero lamentablemente no puede demostrar nada de lo dicho”.
Más allá del atrasado rasgo positivista de tal sentencia, el problema radica en confundir a Piaget con un filósofo: “Más que psicólogo, Piaget era filósofo, y su campo de estudio era la epistemología”.
Aquí, evidentemente, la interpretación comete un grave error, ya que, Piaget no era filósofo, ni mucho menos epistemólogo. Su campo de estudio se ancló en lo que hoy podríamos llamar una “psicología cognitiva”, la cual tiene en común con la epistemología la cuestión del conocimiento.
La primera lo aborda desde los procesos psíquicos que lo conforman; y la segunda, desde la evaluación de la validez de los métodos empleados para crear conocimiento y del valor de verdad que tal conocimiento tiene. Es decir, lo único que tienen en común la psicología cognitiva y la epistemología es la palabra “conocimiento”.
Si bien es cierto que Piaget elaboró sus propuestas a partir del estudio de sus propios hijos, sus afirmaciones fueron llevadas después a la práctica y al “laboratorio” para corroborarlas. El problema estadístico aquí no importa: la verdad no sabe contar.
El verdadero problema. El problema no es Piaget: el problema radica en las pseudoteorías constructivistas impulsadas por el mismo MEP. Esto, por cuanto se hace una burda aplicación de la propuesta piagetiana.
Piaget planteó una serie de etapas en el desarrollo del aparato cognitivo, que van desde la concreto hasta lo abstracto. Recordemos que la última etapa muy pocas personas la consiguen alcanzar, ya que esta depende de factores genéticos. La inteligencia es la facultad humana más mal repartida.
Los geniales constructivistas tomaron estas etapas y creyeron que, si se establecía un proceso pedagógico que recuperara este proceso ontogenético, entonces el educando podría construir conocimiento. Entonces, al niño o adolescente se le pone en contacto con el objeto concreto (por ejemplo: un triángulo de madera) y de ahí el niño podrá crear el concepto de triángulo y, quizás, el teorema de Pitágoras. Jugando con chucherías, el niño creará conocimiento. De lo concreto a lo abstracto, sin nada previo.
No obstante, ya Hegel, filósofo alemán, demostró que siempre debemos pensar así: abstracto-concreto-abstracto. O, dicho más fácilmente, sin conocimiento previo nadie puede crear nuevo conocimiento.
Piaget nos enseñó, junto con Vygotsky, que la estimulación apropiada, en tiempo y modo, es lo que nos permitirá desarrollar seres humanos cognitivamente sanos.