
Estoy seguro de que el pasado 3 de enero muchos ticos y ticas se despertaron con la ingrata noticia de ser solo ciudadanos de un patio trasero. Ni siquiera de un jardín. Aún peor: porque empleando el diplomático lenguaje con que nos trata el gran señor del Norte (“esos paisecitos de m…”) podríamos ser, eufemísticamente hablando, ese “orificio posterior de la anatomía animal entre el fin del espinazo y el nacimiento de los muslos”, parte de la precisa definición que suministra Camilo José Cela dentro de su Diccionario del Erotismo (Grijalbo, 1976, 1982, Barcelona).
La triste constatación es enterarnos al fin de que seguimos pensando y actuando según soplen los vientos que nos hacen temblar desde Washington. Porque Costa Rica carece de una política exterior de Estado propia, no negociable, que debe responder a ciertos rasgos que nos distinguen de otros Estados, a saber: 1) carencia de ejército por decisión asentada en nuestra Constitución de 1949; 2) vocación civilista y nada intervencionista en asuntos propios de otros países; 3) absoluto respeto al derecho internacional como garante de nuestra soberanía; 4) adhesión estricta a las decisiones de la ONU y de tribunales internacionales de justicia; y 5) acatamiento total a las normas del derecho internacional humanitario.
Por todo lo anterior, sorprende cómo nuestro país casi nunca ha dejado oír su protesta cuando algún miembro de la ONU comete flagrantes violaciones contra los tres últimos puntos del párrafo anterior. Recientemente, por ejemplo, hemos sido testigos, gracias en gran parte a la televisión, de las atrocidades cometidas por Israel en la Franja de Gaza y en lo que queda de Palestina: verdaderos crímenes de guerra, apartheid, desplazamiento forzado de poblaciones, asentamientos ilegales y expulsión de gente que ha vivido allí por siglos. Para nuestra Cancillería, como si nada. No hay que olvidar que Israel y sus dirigentes están acusados por crímenes de guerra ante dos tribunales internacionales de justicia. Sin embargo, premio para Israel: el gobierno tramita un tratado de libre comercio con su gobierno sionista. ¿Cómo reaccionará nuestra Asamblea Legislativa?
El último desacierto de nuestra Cancillería ha sido no manifestarse públicamente ante los sucesos recientemente ocurridos no lejos de nuestras fronteras, culminados con el bombardeo de Caracas y el secuestro violento y sangriento de Nicolás Maduro y su mujer. Varios países (Brasil, Chile, México, Colombia, México, Uruguay y España) manifestaron conjuntamente su malestar por la violación clara de ciertos principios del derecho internacional mencionados arriba. Allí debió haber estado Costa Rica. Su ausencia solo subraya su servilismo y opacidad en momentos en que debió erguirse como estandarte de todos los valores de los que nos jactamos como país sin ejército. Consecuencia: hemos quedado al bajo nivel de cualquiera de las muchas repúblicas bananeras del entorno.
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Hugo Mora Poltronieri es ciudadano crítico, ensayista y profesor jubilado de la UCR.