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Nacionalidad e identidad costarricense

La presencia de la Iglesia en los diferentes momentos y ámbitos de la vida nacional se ha manifestado no solo con el aporte de obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, sino de laicos bautizados, muchas veces desconocidos

En el bicentenario de nuestra independencia, desde el análisis histórico, debe tenerse presente el innegable aporte con el que la Iglesia católica ha contribuido, junto con otros actores sociales, en la construcción de la nacionalidad y de la identidad costarricense.

El anuncio del Evangelio es su aporte fundamental. Desde él se originó y acuerpó las leyes que protegieron a los indígenas durante la colonia; fueron voces eclesiásticas las que los defendieron ante los innumerables maltratos y muertes. La Iglesia acompañó el proceso de conformación mestiza de nuestra identidad.

La presencia colonial de los franciscanos hizo que valores de su espiritualidad formen parte de nuestro ser, como la libertad de espíritu y la alegría, la fraternidad universal y el respeto mutuo, la solidaridad y la preocupación por los más vulnerables, el aprecio y el cuidado de la creación.

Desde su hallazgo en Cartago en 1635, la Virgen de los Ángeles ha sido referente del ser nacional, su culto ha sido determinante en nuestra configuración fraterna e igualitaria, sin injustas separaciones raciales o sociales. En la independencia se acudió a ella, con una misa en su templo el 21 de octubre de 1821.

Los pueblos coloniales tienen su origen en la labor pobladora y evangelizadora o en el cumplimiento de requerimientos episcopales para su fundación. Muchos sacerdotes fueron benefactores de pueblos, con el impulso de escuelas, clínicas, cooperativas de agricultores y vivienda.

El padre Félix José Velarde es el primer cultivador y promotor del café en Costa Rica. En las Cortes de Cádiz, el padre Florencio Castillo levantó su voz para defender la libertad de los indígenas y la concesión del derecho de ciudadanía a los afrodescendientes nacidos en América.

En la independencia, los sacerdotes aportaron su saber y su espíritu cristiano en el inicio de la organización jurídica del nuevo Estado, en la redacción del «Pacto de Concordia» y en las decisiones de las juntas gubernativas. La Junta responsable de la redacción de nuestra primera Constitución, fue presidida por el padre Nicolás Carrillo. Dicho documento fue firmado por 20 miembros de la Junta de Legados, de los que siete son sacerdotes.

Muchos sacerdotes participaron en la discusión en torno a la anexión al Imperio mexicano o a declararnos del todo independientes y, luego, formaron parte de las Asambleas Constituyentes y Legislativas, contribuyendo a la estabilidad social y política de la que gozamos después de la independencia.

La guerra contra la invasión filibustera de 1856 y 1857 estuvo animada por la voz del obispo Anselmo Llorente y Lafuente, y acompañada por valientes capellanes que sostuvieron a las tropas durante la lucha.

En la educación. La Iglesia tuvo protagonismo en los orígenes de la educación, con el impulso a la enseñanza de las primeras letras y oficios, en época colonial; a la educación superior, universitaria y secundaria, en el siglo XIX; y a la educación técnica, en el siglo XX. Con el aporte de órdenes y congregaciones religiosas que, formando personas con principios cristianos, han contribuido a la construcción patria.

El padre Armando Alfaro es el iniciador de la educación técnica pública y es el fundador y primer director del IMAS y el padre Benjamín Núñez participó en la renovación educativa de los años 70 y fue el primer rector de la Universidad Nacional.

La Iglesia ha manifestado siempre preocupación por la justicia social, con aportes concretos desde su doctrina social, muy particularmente, con su contribución a la gestación, elaboración y defensa de las reformas sociales de los años 40 del siglo pasado. La creación de instituciones en favor de enfermos, niños huérfanos, adultos mayores, encarcelados y los más vulnerables en general, han estado en manos de iniciativas eclesiales.

Múltiples acciones se impulsan desde la pastoral social Cáritas Nacional y las pastorales sociales diocesanas y parroquiales, con un trabajo tesonero, no solo asistencial, sino con obras de promoción e inclusión.

La Iglesia ha levantado su voz para denunciar injusticias, defender a los pobres y señalar políticas económicas disonantes con el bien común. Son herencia católica la defensa de los derechos de los afrodescendientes, la abolición de la pena de muerte, el valor de la vida y la familia y la defensa de los valores humanos como la paz, la justicia y la solidaridad y de los derechos humanos como la educación y la salud.

En la convulsa situación política de 1948 fue mediadora y, desde la década de 1980, la Iglesia ha llamado o ha sido convocada en diversos conflictos sociales entre trabajadores de diversos sectores y los respectivos gobiernos, siendo promotora de diálogo, justicia y paz.

Se brinda un invaluable servicio a la historiografía, mediante los libros parroquiales sacramentales y de defunciones, fuente para los estudios genealógicos e históricos, y que son protegidos en el Archivo Eclesiástico Arquidiocesano y en los archivos diocesanos y parroquiales.

La religiosidad popular es parte de nuestra identidad, las fiestas patronales, los turnos con su gastronomía, las celebraciones de la Semana Santa, el vía crucis, los rosarios de la Aurora, los novenarios a los difuntos, las fiestas navideñas de las posadas y los rezos del Niño, y la romería a Cartago. El arte en sus manifestaciones de arquitectura, pintura, imaginería, orfebrería y música se han visto enriquecidos con el aporte eclesial.

La presencia de la Iglesia en los diferentes momentos y ámbitos de la vida nacional se ha manifestado no solo con el aporte de obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, sino de tantos hombres y mujeres, laicos bautizados, muchas veces desconocidos. Cada comunidad cristiana costarricense recuerda personas, muchas veces humildes y sencillas, testimonios vivos de Evangelio, catequistas, servidores de la palabra y del altar, promotores sociales, que en el silencio han construido una sociedad más justa y fraterna, que han sabido ser parte de la constitución del ser costarricense, que tiene una innegable y esencial impronta cristiana católica.

padrevilchez@gmail.com

El autor es presbítero e historiador.