
A la actriz argentina Norma Aleandro he tenido el gusto de verla en las películas El hijo de la novia, La historia oficial y La tregua, y también, más gratificante aún, en persona; sí, cara a cara.
El encuentro, inolvidable para un reportero de La Nación que en 1987 empezaba a gatear en el quehacer periodístico, tuvo lugar en el Teatro Melico Salazar, en un aposento ocupado por trajes para representaciones escénicas, maquillaje y una mesa de madera sobre la que había dos cafés, uno para ella y otro para mí.
Fue allí donde entrevisté durante casi una hora a la protagonista de La historia oficial, ganadora en 1986 del Óscar a la mejor película extranjera. Se trata de una producción basada en hechos que ocurrieron en Argentina durante la última dictadura militar (1976-1983).
Interpretar a Alicia, una profesora de clase alta que busca la verdad en torno al terrorismo de Estado, los jóvenes desaparecidos y la apropiación de bebés, catapultó a Aleandro a la fama internacional.
Gracias a ese papel, fue reconocida como Mejor Actriz en los festivales de Cannes, Cóndor de Plata, Cartagena de Indias y en los Premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York. Esto, sin contar los múltiples galardones que cosechó debido a su actuación en otras películas y obras de teatro.
La actriz, nacida el 2 de mayo de 1936, conocía muy bien el tema de La historia oficial, pues como consecuencia de la persecución política, vivió exiliada en Uruguay y España entre 1976 y 1981. Regresó a su país para protagonizar el estreno mundial de la obra de teatro La señorita de Tacna, escrita por el peruano Mario Vargas Llosa (1936-2025), Premio Nobel de Literatura 2010.
Esa obra gira en torno a Belisario, un escritor que intenta reconstruir la vida de su tía abuela Elvira o Mamaé, la misteriosa señorita de Tacna, quien sufrió un engaño amoroso en su juventud. A partir de ese caso se aborda el proceso que sigue un escritor para generar o inventar historias.
Expulsado del Edén
Fue precisamente la presentación de esa obra lo que trajo a Norma Aleandro y su compañía a Costa Rica, para participar en el Festival Internacional de Teatro organizado por el Teatro Melico Salazar y que se realizó del 16 al 30 de setiembre de 1987.
En ese contexto, tuvo lugar mi conversación con la actriz. Hablamos, entre sorbos de café, de su carrera, su vocación, su visión del teatro y el cine, y la obra con que deleitaría al público de nuestro país.
A pesar de cargar una agenda llena de compromisos, fue sumamente generosa con su tiempo. En ningún momento me insinuó o presionó para finalizar el intercambio de preguntas y respuestas.
Salí extasiado de esa entrevista, levitando mientras bajaba las gradas, pero al llegar a la calle, me esperaba el inicio de un golpe de cruda realidad.
El chofer que llegó a recogerme me dijo que tenía que llamar de inmediato a uno de mis jefes; así lo hice y este me ordenó movilizarme a barrio Cuba, en las inmediaciones de la planta de Grupo Numar, pues el tren acababa de chocar contra un vehículo.
Pocos minutos después, llegué a la escena de los hechos: una máquina del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico había impactado un camión de carga de mariscos y los vecinos, lejos de ayudar a las personas golpeadas o al menos no estorbar en las labores de socorro, se apropiaban de los pescados y salían en carrera hacia sus casas. Un lamentable episodio en el teatro de la humanidad.
De regreso al periódico, tuve que redactar primero la nota sobre el accidente y la posterior pesca “milagrosa”, y posponer el placer de escribir la entrevista con Norma Aleandro.
Me sentí como Adán y Eva, quienes luego de probar las delicias del Edén, fueron expulsados del paraíso. Ni modo, así es la vida: a veces olemos el cielo y, casi de inmediato, percibimos los humos del infierno.
Esta es, grosso modo, mi historia oficial de una cruda realidad.
José David Guevara Muñoz es periodista.
