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Mi amiga Alicia

Una verdadera maestra, en el sentido más noble del término

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Decía mi padre que los amigos verdaderos se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos. Esta afirmación, que siempre me pareció exagerada, con el transcurrir de los años, se ha convertido para mí en una verdad irrefutable. Y es porque la amistad, esa luz tibia que nos ilumina en las tinieblas de la vida, no es fácil lograrla a plenitud. Antagonizan con ella y la empañan la envidia, el egoísmo, la soberbia. De ahí el vacío y la soledad ante la pérdida del verdadero amigo.








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