La irlandesa Mary Mal- lon, pasó a los anales de la historia de la Medicina, no por sus logros en pro de la salud, sino por ser identificada como una “plaga viviente”. En 1907 emigró a los Estados Unidos e inicio su labor de cocinera y de amenaza a la salud pública.
Historia. Cuenta la historia que un inspector del Departamento de Sanidad la visito: “Señora –le dijo con toda la educación posible en estos casos–, usted ha trabajado como cocinera en siete distintos lugares, en ellos veintidós personas han contraído la fiebre tifoidea, una niña murió. Usted parece ser la causa. He de tomarle muestras de sus heces, orina y sangre”. María, no de la mejor manera, se negó y lo mismo hizo cuando se le envió a un médico a convencerla.
Fue necesario que la Policía fuera por ella, luego de algunas horas de búsqueda, la sacaron de un armario maldiciendo y peleando. Sus pruebas de heces fueron positivas por los bacilos de fiebre tifoidea, se le aisló a la fuerza en un centro hospitalario. Ella aseguraba ser víctima de una injusta persecución. Argumento que lo hacían porque era pobre, trabajadora, mujer y, sobre todo, irlandesa. Con la condición de que no volviera a trabajar como cocinera y se lavara las manos con frecuencia, la liberan en 1910.
Sin embargo luego de 5 años, con un nombre diferente, inicia labores en la cocina de un importante hospital de Obstetricia. María Tifoidea, cambio de nombre, pero por desgracia su desagradable costumbre de no lavarse las manos después de realizar sus necesidades fisiológicas y antes de cocinar, no la cambió. Provocó otro brote contagiando a veinticinco inocentes víctimas, dos de los cuales murieron.
Irresponsabilidad. Con su imprudencia, negligencia e irresponsabilidad, la llamada María Tifoidea había contagiado a cuarenta y siete personas y provocado la muerte a tres. Fue, no solo una cocinera irlandesa, sino un sonado caso de "portador sano" y de reclusión contra su voluntad por parte del Gobierno y por el bien de la sociedad.
Hoy, casi 100 años después, esta historia sigue actual: hay muchas Marías Tifoideas, que ponen en riesgo la vida y la salud de comunidades enteras. Las causas siguen siendo las mismas: imprudencia, negligencia e irresponsabilidad. A las modernas Marías Tifoideas no las podemos “recluir por el bien de la sociedad”.
Esperamos que el ejemplo de la reciente María Tifoidea tica sirva para tomar conciencia sobre la necesidad de adherirse con responsabilidad a las buenas prácticas de manufactura de alimentos, las cuales no son precisamente un requisito más para obtener un permiso sanitario de funcionamiento.
Son prácticas necesarias para asegurarle al consumidor que no se le está exponiendo a riesgos innecesarios, que son controlables y evitables. Las buenas prácticas en el almacenamiento, manipulación y preparación de alimentos, no son antojadizas, protegen realmente la salud y, por ende, la vida. Los delitos contra la salud, como los que las Marías Tifoideas cometen, deben ser severamente censurados.