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Los pros y los contras del metaverso

La transformación debe significar el uso de la tecnología a disposición del ser humano y no al revés

Hemos escuchado el anuncio oficial de Mark Zuckerberg sobre la transformación de su compañía Facebook en el mundo de los metaversos, transformación que planea realizar dentro de los próximos 10 años, al punto de cambiar el nombre de su plataforma a Meta, lo que considera la evolución natural de la internet.

El término metaverso tiene su origen en la novela Snow Crash, del autor Neal Stephenson, publicada en 1992 y en la que hace referencia a un universo virtual ficticio, interactivo y que recrea nuestro universo real.

El metaverso consiste en un ambiente urbano, desarrollado a lo largo de una calle de 100 metros de ancho, que recorre la circunferencia de una esfera negra de 65.536 kilómetros.

El espacio virtual está a la venta para construir en él edificios, que pueden ser diseñados por los usuarios o arquitectos contratados en la misma realidad virtual, sin limitación, excepto los recursos para comprarlos, pues no obedece a leyes de la física.

Los usuarios ingresan al metaverso a través de unos lentes que proyectan la realidad virtual, o de cabinas públicas que proyectan la imagen. En ese universo, los usuarios son iconos o avatares de las todas formas posibles, que pueden corresponder a su realidad y a su aspecto físico o no, por lo que es posible ser lo que se quiera y como se quiera, siempre y cuando se pague por ello.

El metaverso es viable, pero requiere avances tecnológicos, disminución de los precios de la tecnología para masificarlo, gran cobertura y velocidad de internet.

Las grandes empresas están registrando sus marcas en el mundo físico, en clasificaciones adecuadas para proteger productos y servicios en el mundo virtual, con el fin de obtener protección y exclusividad en las transacciones que se realicen en el espacio virtual.

Louis Vuitton, por ejemplo, diseñó una colección exclusiva para el videojuego League of Legends, Balenciaga colaboró con el videojuego Fortnite, Zara creó una colección para el mundo físico y el mundo virtual en colaboración con Ader Error y en el mundo virtual sus productos pueden adquirirse en Zepeto, plataforma en el metaverso por medio de la que los avatares visten sus colecciones.

Nike no solo ha buscado la protección de sus marcas en el entorno digital, también solicitó en Estados Unidos algunas patentes relacionadas con el ámbito de la moda en el entorno digital, por ejemplo, para crear avatares orientados a prestar servicios en las redes sociales relacionadas con el rendimiento deportivo de los usuarios, o para crear CryptoKicks, calzado digital que incluye un identificador único basado en la tecnología blockchain.

Entre los beneficios de los metaversos y de esta nueva realidad virtual, podemos citar la educación, porque es posible imaginar clases interactivas sobre espacio, geografía, historia. También, la salud, la mecánica, la ingeniería.

En el área laboral, es aplicable a trabajos en grupo o en colaboración. Ya existe Horizon Workrooms, donde se llevan a cabo reuniones de trabajo virtuales con avatares.

En el ámbito económico, la tendencia es hacía la economía digital y la digitalización de activos, no necesariamente a través de criptomonedas, sino de transferencias digitales de dinero y del uso de tarjetas de crédito o débito. Podemos pensar, asimismo, en factores de producción digital, capital, infraestructura, activos, bienes y servicios digitales.

Existe, sin embargo, una gran preocupación sobre la privacidad y protección de los datos en el entorno virtual. ¿Quién gobierna en el metaverso? ¿Cómo se regula el poder entre usuarios y creadores de las big tech?

Preocupa la pérdida paulatina de la capacidad del ser humano para socializar, de aislarse cada vez más al poner en funcionamiento la virtualidad en las diferentes áreas: trabajo, educación, compras por internet, interacción virtual. Hay una nueva generación nacida durante la pandemia que no conoce otra realidad más allá de las mascarillas.

Sin duda alguna, la pandemia ha contribuido a la ejecución y adaptación a la virtualidad y al desarrollo de una nueva realidad virtual, cambios que pareciera han llegado para quedarse, y de los que deberíamos retener lo bueno, como lo son el ahorro de tiempo, disminución de presas, menos contaminación, etc., siempre y cuando la transformación signifique el uso de la tecnología a disposición del ser humano y no al revés.

acalvo@lexcounsel.com

La autora es abogada.

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