El asma es una enfermedad respiratoria multicausal, puede ocasionarla sustancias transportadas por el aire, como polvo, polen, esporas de hongos y caspa de mascotas, o el ejercicio, en cuyo caso empeora al exponerse al aire frío y seco. Es incurable, pero se controla.
Un estudio en el que participaron 36 hospitales de España y Andorra demostró que el uso temprano de corticoesteroides, utilizados comúnmente en el tratamiento del asma, estaba asociado con una menor mortalidad por covid-19 y que el momento óptimo para la administración son las primeras 48 horas tras el ingreso a la unidad de cuidados intensivos.
Por otro lado, una investigación llevada a cabo por las doctoras Donata Vercelli y Monica Kraft, de la Universidad de Arizona, determinó que si bien el asma, por lo menos al principio de la pandemia era considerada un factor de riesgo, la proporción de personas asmáticas con covid-19 grave fue mucho más baja de lo previsto, como lo señalé en su oportunidad como microbiólogo y salubrista público, pero principalmente porque también soy asmático y conozco bien que los esteroides ayudan a desinflamar los bronquios cuando nos falta el aire.
Vercelli y Kraft concluyen que, como las llaves de una puerta, el SARS-CoV-2 debe atravesar las células para infectar a las personas. Una de esas puertas es la enzima convertidora de angiotensina II (ACE2).
LEA MÁS: Datos de la OMS sobre el asma que pueden interesarle
Ambas investigadoras coinciden en que la inflamación causada por el asma reduce estos receptores, es decir, los agentes que desencadenan el asma son los mismos que suprimen los receptores del SARS-CoV-2, cuyo efecto es que la covid-19 sea menos probable o grave.
Otro estudio efectuado por un grupo de neumólogos de la Unidad Docente de Vall d’Hebron, de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona, también sostiene que el asma no parece estar relacionado con una posevolución del coronavirus.
Las personas con asma corremos igual riesgo de contagio, por lo que también debemos ser cuidadosas y vacunarnos.
El autor es microbiólogo y salubrista público, director del Laboratorio Nacional de Aguas del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA).
