
Antes del debate que el profesor Iván Molina aceptó en la Facultad a mi cargo, como producto de mi respuesta (16/10/2008) en este periódico, añado algunas ideas a su nueva intervención.
La condición de catedrático es la más alta categoría en el régimen académico de la UCR. Un título de doctorado la realza. Su número es un referente para valorar a una unidad académica, no el único.
La jubilación temprana de numerosos doctores y catedráticos en la UCR ha sumado interinos sin posibilidad de ascenso en el régimen académico, quienes, aun con méritos para ello, no siempre se registran en las comparaciones, por lo que pueden resultar engañosas o manipulables. De alguna manera la Universidad está en deuda con muchos de estos interinos.
Lo que no se dice. En la UCR, la Vicerrectoría de Docencia y la Oficina de Asuntos Internacionales atienden la demanda de personal de alta calificación y en propiedad, mediante un fuerte proceso financiero para estudios doctorales con reserva de plaza. Nuestra Facultad, además de los actuales, tiene 19 profesores en estudio doctoral y 14 en maestría fuera y dentro del país –necesitamos más–, con apoyo de interinos y aporta un Programa Latinoamericano de Doctorado en Educación.
Además, cuenta con una importante ubicación de académicos en puestos de confianza o elección: dos viceministras, la dirección del Instituto Uladislao Gámez y la Oficialía Mayor, en el MEP; dos en el Consejo Superior de Educación; la dirección del Centro de Evaluación Académica, un asesor, la dirección de la Unidad METIC en la Vicerrectoría de Docencia; la dirección de la Oficina de Salud y la presidencia del Tribunal Electoral Universitario; la dirección de 12 posgrados, 5 escuelas, y el Decanato en la UCR. ¿Es esta influencia de la Facultad la que el profesor Molina cuestiona?
Un cambio en la Constitución Política: “Art.80: La iniciativa privada en materia educacional merecerá estímulo del Estado, en la forma que indique la ley”, dio cabida en el país a una explosiva oferta de educadores y el Estado no ha tenido la solidez requerida para dar políticas y lineamientos de formación. Más de 250 programas, 4 universidades estatales, 25 privadas, muchas de ellas produciendo licenciados y posgrados de ínfima duración –retorno rápido a la inversión– comprometen la calidad educativa en ausencia de un sistema nacional de formación.
En materia de calidad de formación docente, el Estado tiene una responsabilidad: Art. 86 de la Constitución: “El Estado formará profesionales docentes por medio de institutos especiales, de la Universidad de Costa Rica y de las demás instituciones de educación superior universitaria”. La Facultad conoce esa responsabilidad.
Desde la reforma de 1957, la UCR forma profesores de manera compartida: Facultad de Educación (cursos de pedagogía), Ciencias, Letras, Bellas Artes y Ciencias Sociales (cursos de especialidades) y la Escuela de Estudios Generales (Humanidades y cultura general). Por ello, la formación de educadores en la UCR nos implica a todos. Este modelo fue asumido por las otras universidades estatales. A quién corresponde el padrón de estudiantes, porque los títulos los firmamos los decanos involucrados, es un tema administrativo.
Lamento que el profesor Molina no logre entender que la pedagogía universitaria no es exclusiva de la Facultad, no es un campo de monólogos, requiere diversos profesionales, es sustantiva a la vida académica, es tema de punta en la educación de los países del mundo. Permite la comprensión del ser humano, sus formas de aprender y conocer (estudios del cerebro, epistemología, psicología, biología); sus formas de interactuar (complejidad, cultura, vida societal y planetaria); su capacidad de leerse (estudios de la historia con las nuevas tecnologías y estudios científicos) y su capacidad de crear y recrear (artes, expresión humana).
Lección de vida académica. Pierre Lèna, astrofísico francés, cocreador de La main à la pâte , dialoga con sencillez entre maestras, universitarios y científicos el tema de la enseñanza científica para la niñez, en la Conferencia Internacional de Académicos de las Ciencias de varios países del mundo en Chile. No pregunta a la maestra o al universitario si es doctor o catedrático ni se considera más científico que otro. Su actitud reafirma que en la aspiración de una educación de calidad más humana y solidaria, nos necesitamos todos, no solo catedráticos y doctores.
La preocupación del profesor Iván Molina por la Facultad de Educación y los aspectos conexos que expresa es un tema académico concreto de la UCR. Vamos a la academia como corresponde: con argumentos y números también, lugar donde debió plantearse desde el inicio.