La debilidad principal del análisis político acostumbrado en el medio nacional es su excesiva concentración en las minucias, rumores, chismes y oportunismos cotidianos. En tales condiciones, lo que se denomina análisis se convierte en una extensión de intereses e intenciones sin aliento histórico, sin perspectiva estratégica, y se pierde por completo la capacidad para vincular lo coyuntural a lo que el recordado estudioso belga Jacques Pirenne denomina “las grandes corrientes de la historia”.
El daño que esta insuficiencia origina en la educación cívica de las personas es gigantesco. Mucho de esto he observado cuando se comenta la decisión del expresidente Óscar Arias Sánchez de no presentar su nombre a una tercera candidatura presidencial, razón por la cual estimo necesario vincular esa decisión a ciertas constantes sociopolíticas de los últimos cincuenta años, lo que permite aquilatar mejor la resolución en comentario y visualizar con mayor fundamento el futuro político del país.
Peso de la historia. Al apartarse de la silla presidencial el expresidente Arias reinventa lo que caracterizó su conducta de 1966 a 1990, cuando se distanció de las dirigencias de su partido, conducidas por Figueres Ferrer y Oduber Quirós, a fin de asegurar relevos generacionales.
Refiriéndose a Óscar Arias en aquellos años, Enrique Benavides apunta que “no es un político al estilo tradicional. Para él la política significa realización y señalamiento de alternativas serias más que hacer discursos o montar maquinarias electorales. Óscar Arias es un crítico y un rebelde dentro del partido porque lo concibe de otra manera” ( La Nación, 19/6/1977, Página Quince ).
Isaac Felipe Azofeifa sostiene que “los viejos políticos Figueres y Oduber reaccionaron consternados” frente a la juventud y las ideas de Arias Sánchez (citado en “Visión y coraje”). Estas afirmaciones se aplican a la coyuntura actual porque el expresidente es también ahora “un crítico y un rebelde” que una vez más plantea la necesidad de propiciar relevos generacionales en los liderazgos sociopolíticos.
Al profundizar en las razones de su decisión, Arias recuerda la lucha por la paz en Centroamérica, la inserción del país en la globalización y el Tratado de Comercio de Armas.
Para comprender el significado actual de estos hechos es necesario asociarlos a lo ocurrido en el país entre los años 1976 y 1990.
En aquella época, existían cuatro propuestas de desarrollo: Estado empresario (Oduber Quirós-Figueres Ferrer), Estado mínimo y libre mercado (Echandi Jiménez-Alberto Di Mare), revolución antiimperialista y socialismo (Mora Valverde-Ferreto Segura) y Estado fuerte no empresario, no mínimo y no interventor con una economía abierta al mundo (Arias Sánchez).
La alternativa formulada por Arias alcanzó la hegemonía sociopolítica en la década de los ochenta, y esa condición se ha extendido desde entonces hasta nuestros días.
El ajuste estructural de la economía lo inició el expresidente Luis Alberto Monge Álvarez, y fue continuado en la primera administración Arias Sánchez, la cual agregó el liderazgo en la pacificación de la región y la crítica al militarismo que los gobiernos de EE. UU., Cuba y la URSS propiciaban en Centroamérica. Crítica, conviene recordarlo, que permitió establecer en Costa Rica una amplia y transparente alianza de Arias con la izquierda política nacional.
Relaciones. Un hecho clave en este tinglado es el de la relación del expresidente Arias con el anarco-capitalismo, el estatismo y el neoestatismo.
En su libro “Grupos de presión en Costa Rica”, prologado y admirado por Alberto Cañas Escalante, Arias esgrime el siguiente argumento: el economicismo (anarco-capitalismo) olvida que el bien común no es la suma de los bienes individuales.
En los ensayos que escribió de 1966 a 1984, valorados en términos positivos por Enrique Benavides, León Pacheco, José Marín Cañas, Eugenio Rodríguez Vega, Alberto Cañas Escalante, Isaac Felipe Azofeifa y Alberto Baeza Flores, Arias sostiene que “un laissez-faire puro no existe” (“Nuevos rumbos para la democracia costarricense”), y que los problemas sociales del país no pueden resolverse con un “enfoque meramente economicista del desarrollo” que deja a “los mecanismos automáticos del mercado plena libertad de acción”.
En el 2005, el expresidente complementó estos conceptos al afirmar, sobre el estatismo y el neoestatismo, que el control estatal de los medios de producción no implica que estos pertenezcan a los ciudadanos y que la propiedad estatal esconde, muchas veces, “su control por parte de grupos, gremios e intereses minoritarios”. (“Hagamos juntos el camino: discursos, artículos y ensayos”).
Consideración estratégica. El cambio operado de 1982 a 1990 es un hecho clave de la historia costarricense, y en la actualidad no existe ninguna fuerza política que pretenda devolverse a la circunstancia previa a ese cambio.
Este dato influyó mucho en el ánimo del expresidente Arias al tomar su decisión porque significa que lo iniciado en los ochenta ha alcanzado un nivel de desarrollo que le permite profundizarse, enriquecerse y corregirse, y que no puede revertirse.
La decisión de Óscar Arias revela a un hombre consciente de los méritos de sus propuestas y de los éxitos alcanzados, pero también de sus insuficiencias e inconclusiones.
Sabedor de que el destino ha sido generoso con él y con su proyecto, se hace a un lado para que los liderazgos se renueven e invita a pensar con perspectiva no de cuatro sino de cuarenta años.
Esto explica que haya logrado vincular su trayectoria con el futuro, al sostener la urgencia de renovar los liderazgos político-partidarios.
Si no están conformes con la sociedad –dijo a los jóvenes– transfórmenla, ocupen su lugar en la historia.
Coincido con ese llamado, el joven, y en general cada costarricense, puede cambiar lo que no le gusta siendo coherente con sus ideales, excelente y eficaz en la acción, no importa si por costumbre e inercia mental se le califica de derecha, izquierda o centro.
Inscriban en sus almas las palabras de Whitman: “Deslumbrante y tremendo, ¡qué pronto me mataría con el alba si no pudiera ahora y siempre hacer brotar de mí un alba!” ( Canto de mi mismo, poema 25).
El autor es escritor.