Foros

Las pozas: una escuela de miedo, coraje y prudencia

Las pozas nos enseñaban que el entusiasmo debe hacerse amigo de la cautela. Que el miedo es a veces la forma que adopta el cuerpo para protegernos. Que ninguna superficie dice toda la verdad

Acrílico de Moisés Barrios, hecho a partir de una fotografía tomada en una poza del Río Dulce de Guatemala. Una niña espera para saltar a la poza
Acrílico de Moisés Barrios, hecho a partir de una fotografía tomada en una poza del Río Dulce de Guatemala. Una niña espera para saltar a la poza Jurgen Ureña
Acrílico de Moisés Barrios, hecho a partir de una fotografía tomada en una poza del Río Dulce de Guatemala. Una niña espera para saltar a la poza
La espera aparece como un momento decisivo en este acrílico de Moisés Barrios. (Jurgen Ureña/Cortesía)

En mi infancia, las pozas no empezaban en las pozas. Empezaban antes, cuando uno de mis primos proponía ir a Las Pilas y la casa de Puriscal se llenaba de risas y preparativos. Había que buscar los paños, ayudar a hacer el almuerzo y esperar al vecino que siempre llegaba tarde. Después, había que esperar todavía un poco más, sin saber por qué, mientras escuchábamos el canto largo de las chicharras.

Con los años, he llegado a pensar que buena parte de la felicidad que asociamos a las pozas consistía, precisamente, en esperar.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌