Los que hemos trabajado y estudiado en investigaciones genéticas, como es mi caso, sabemos lo acertado del planteamiento central del artículo del abogado doctor Fernando Zamora Castellanos, el cual denuncia el excesivo apego de muchos científicos a la teoría de la selección natural. Por los descubrimientos que ha facilitado la biotecnología no podemos negar la indudable respetabilidad de los cuestionamientos de un serio y respetable estamento científico, que considera hoy insatisfactoria la teoría neodarwinista, la cual concibe el origen de nuevas estructuras corporales teniendo lugar a partir de la recombinación al azar de fragmentos de ADN durante largas eras.
Lo que pasa es que aunque la selección natural y las micromutaciones son una fuerza que juega un cierto papel en la evolución de nuevas estructuras y morfologías, es casi imposible que por sí sola dicha teoría explique la aparición de nuevos elementos específicos de la construcción corporal. Esta NO es una observación exclusiva de los científicos del diseño inteligente, la cuestión también se la han debido plantear científicos macroevolucionistas en el congreso de Viena en 1999 tal y como puede verse en la publicación de Gerd Muller y Stuart Newman, de la Editorial Mit Press del 2003. Desde su capítulo de introducción, los mismos autores dejan claro los desafíos que enfrenta la actual teoría centrada en el gen.
Los genes HOX. Ante las carencias del darwinismo, científicos como Lynn Margulis han debido recurrir a otras teorías menos convincentes como la de la simbiosis, que tampoco ha podido ser comprobada pues se ha demostrado que células complejas como las eucariotas no poseen ni rastro de los genes típicos que constituyen a las actuales bacterias espiroquetas. Veo además que el artículo del Dr. Zamora encendió también el debate en relación con los genes HOX. El problema que existe es que para la teoría de la selección natural todas las estructuras de los seres vivos, incluidos los genes, deben irse transformando de lo simple a lo complejo.
Así las cosas los seres primitivos deben tener genes primitivos y esperar profundas diferencias entre genes que deben estar distantes en la escala de evolución. Para que fuese aplicable la teoría de Darwin, cientos de millones de años de mutaciones y selección natural deben provocar que los genes de una especie primitiva sean más sencillos que los genes de otra superevolucionada, sin embargo la fila de genes HOX existe en todos los seres vivos y sirve para lo mismo y no se han ido gestando lentamente ni se han producido por macromutaciones o según el equilibrio puntuado y cualquier alteración en dichos genes en vez de mejorar, perjudica a los seres vivos.
El ejemplo del ojo. Esto nos plantea a los genetistas una interrogante hasta ahora con intentos de ser contestada, pero no satisfactoriamente. Los otros aspectos que atiende el artículo del Dr. Zamora como el ejemplo de los sistemas irreductiblemente complejos, en la que él dio solo un ejemplo, el del ojo, fue explicado por Darwin apelando a la idea de que el ojo evolucionó de un fotorreceptor hasta lo que hoy es.
Sin embargo el conocimiento que hoy se tiene de la inmensa complejidad del ojo, no es el mismo que teníamos en el siglo XIX, pues hoy, con el conocimiento más profundo de este órgano, los científicos aún tratan de entender plenamente el complejo proceso en que solo algunas partes de las piezas de los ojos –como son los fotorreceptores, los bastoncillos y conos–, transforman la luz que reciben en señales en parte eléctricas y en parte químicas en donde la luz que creara la imagen desaparece, apareciendo en su lugar señales en código. Solo un dato como este deja también en entredicho la teoría darwiniana.
Como investigador genetista –y, desde luego, muy interesado en la linda Costa Rica, pues debí vivir algún tiempo en vuestro país después de mi salida de Cuba–, he seguido desde la página web del periódico este interesante debate y me permito solo este brevísimo comentario.