Edificante la intervención de la estudiante Keyla Chavarría durante la celebración del mes patrio en Coronado. Muchos vimos en ella el verdadero rostro de nuestro país: un país que ha dado ejemplo a otras naciones de cómo convivir, escuchar y resolver las diferencias sin violencia.
Sin embargo, Costa Rica está batallando hoy con un rasgo característico de las sociedades occidentales: la polarización. Los entornos son cada vez más digitales, mediáticos y móviles, y en ellos incide el hecho de que las personas tendemos a responder más a sentimientos y creencias que a hechos. Poco a poco, vamos difuminando los contornos entre la información y la opinión. Esto, a su vez, viraliza las emociones, que también navegan por las redes sociales. Nuestra interacción se torna más expresiva que deliberativa.
En este contexto, Keyla, con apenas ocho años, nos hace pensar y reflexionar para no caer en el irrespeto, en enfrentamientos que deriven en violencia o en discursos de odio. Es ahí donde se pierde la cabeza.
La polarización afectiva está tomando cada vez más fuerza y este declive nos adentra en la sociedad de la intolerancia, una sociedad llena de fisuras, ya no solamente ideológicas. Se van conformando endogrupos (nosotros) y exogrupos (ellos), en un círculo vicioso de estrategias divisivas.
Además, la polarización es una táctica política y mediática. Emplear una retórica agresiva da rédito. Expertos señalan que los algoritmos otorgan mayor visibilidad a los contenidos polémicos por ser vectores de contagio emocional. También mencionan que ello da pie a la creación de cámaras de eco en estos entornos digitales, que mantienen a los usuarios aislados en burbujas entre afines, sin apertura a visiones discordantes.
Por eso, analistas suelen preocuparse por las cámaras de eco y las burbujas informativas, pues temen que disminuyan la comprensión mutua y conduzcan a una situación en la que las personas estén tan distanciadas que ya no tengan un terreno común y terminen habitando en realidades diferentes.
Las redes sociales pueden entenderse como beneficiosas porque facilitan la participación de un mayor número de ciudadanos y actores. Sin embargo, el filósofo Byung-Chul Han menciona que ello puede derivar en una “democracia de enjambre”. Comenta que las muchedumbres reaccionan en flujos masivos de halago o descalificación y sacuden el espacio público, que se llena de ruido, lo cual dificulta una reflexión y una conversación serenas.
En las redes sociales no siempre se encuentra criterio. Hay que buscarlo en otras fuentes. Una de ellas es el diálogo.
Gracias, Keyla, por invitarnos a honrar nuestra bandera viviendo los valores que ella representa en medio de un momento de gran polarización. Gracias por invitarnos a enseñar con el ejemplo. “Costa Rica se construye con las acciones de cada uno de nosotros”.
Me uno a tus sabias palabras: “Levantemos con orgullo nuestra mirada hacia la bandera que hoy ondea con fuerza y recordemos que, en sus colores, están representados nuestra historia, nuestra libertad y nuestros sueños”.
hf@eecr.net
Helena Fonseca Ospina es administradora de negocios.
