
El incompetente se refugia en la violencia.
Construir exige capacidad, habilidad y sentido de comunidad; la fuerza, en cambio, solo requiere de una excusa. Por eso, los gobiernos históricamente incapaces, ante su imposibilidad de articular un futuro funcional, terminan adoptando la violencia como su principal modelo operativo.
Las megacárceles y los estados de excepción no son expresiones de éxito estatal, sino la materialización de su fracaso. El Salvador no implementó estas medidas como resultado orgánico de un Estado históricamente eficiente o de un ecosistema social exitoso, sino como consecuencia de lo contrario.
Este tipo de respuestas surgen cuando el aparato estatal fracasa en su función básica de sostener las reglas de convivencia. Ante ese colapso y la desesperación que lo acompaña, la violencia judicial y policial se ofrecen como la única salida posible.
Por eso, estas medidas no son motivo de orgullo. Constituyen una admisión de que se ha fallado como sociedad y de que se renuncia a construir institucionalidad para recurrir a la represión estatal como único mecanismo de subsistencia.
La estrategia ante la inseguridad que promueve el gobierno de Rodrigo Chaves –y su heredera– es, en sí misma, una confesión explícita de su incompetencia para gobernar.
No se trata de una percepción, sino de un hecho: los niveles actuales de delincuencia y de homicidios no son un problema histórico de Costa Rica, son un problema que se agravó y aceleró durante la administración chavista.
El intento de importar el modelo “bukeleano", hoy simbolizado en el Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (Cecot), proyecta la imagen de una Costa Rica derrotada frente a los desafíos de la seguridad. Y la situación se agrava más cuando le sumamos la disposición de Laura Fernández a solicitar el levantamiento de las garantías individuales si la crisis continúa. Así lo ha manifestado ella.
Adoptar ese esquema implicaría aceptar que el Estado costarricense es incapaz de gestionar el conflicto social y que, ante esa incapacidad, solo queda recurrir a la fuerza ante la extinción de la gobernabilidad. Este no ha sido el modelo imperante en Costa Rica; nuestro enfoque requiere visión para construir un ecosistema social inclusivo y de oportunidades.
El chavismo ha levantado toda su estructura sobre la confrontación, tanto en el discurso como en su fondo. Una vez que quitamos la bulla, se evidencia que debajo de las promesas de “mano dura”, solo hay incompetencia.
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Manrique Blen Font es administrador, abogado y especialista en impuestos.