Por: Alexander Dogadin.   3 abril

Pocas veces recurrimos a los medios de comunicación; sin embargo, esta vez me siento obligado a hacerlo debido al contenido del reciente editorial del 25 de marzo del diario La Nación, bajo el sorprendente título “Putin, ¿zar contemporáneo?”, que en nada corresponde a la realidad.

Leyendo el mencionado editorial, tuve la impresión de que era uno más de esos acostumbrados comentarios, casi panfletarios, de cierta parte de la prensa estadounidense y europea alineada con los intereses geopolíticos en plena Guerra Fría, que no disimulan lo que conocemos como rusofobia.

Comienzo por decir que el tema excepcionalmente importante de Crimea es su retorno a donde pertenece desde el siglo XVIII: primero, al Imperio ruso y, luego, a la Unión Soviética. Valga recordar que en 1956 la península, por razones de carácter administrativo y económico, fue trasladada de la entonces República Federativa Socialista Soviética de Rusia a la República Socialista de Ucrania.

En ese entonces, nadie podía imaginar la desintegración de la URSS, con todas las consecuencias que tal acción podría acarrear. ¿Fue un acto impensado de falta absoluta de previsión por parte de quienes tomaron esa decisión? Lo cierto es que Crimea siempre fue considerada rusa, toda su población es rusohablante y el 70 % de ella es de etnia rusa.

El resto de la reciente historia fue el resultado del golpe de Estado en Ucrania, del 2014, perpetrado por una minoría ultranacionalista apoyada desde el exterior. La cruenta represión contra la población rusa fue lo que causó la soberana decisión de la población de Crimea que, por medio de un plebiscito, más de un 90 % apoyó el retorno a lo que siempre sintieron fue su verdadera patria: Rusia.

Hogar europeo. Después del colapso en 1991 de la Unión Soviética, se abrieron espacios para superar la división en Europa y crear un hogar europeo común que incluyera a Rusia. Todo esto es comprobable; sin embargo, los países occidentales tomaron un camino diferente: eligieron la opción de expandir la Alianza del Atlántico Norte y su componente militar, acercándose a las fronteras de Rusia del espacio geopolítico que controlaban.

Los Estados Unidos se retiraron unilateralmente del tratado sobre misiles antibalísticos y pusieron en marcha la construcción activa de un sistema de defensa antimisiles estratégico como parte de sus fuerzas nucleares, instaladas en la periferia, y comenzó la construcción de áreas de posicionamiento en Rumania y en Polonia.

En estas circunstancias, ¿qué es lo que hace un gobierno sensato de un país? Emprende las medidas para fortalecer la capacidad defensiva (subrayo “defensiva”) y enfatizamos que las tomamos dentro de las fronteras de nuestro propio territorio.

Es una moda de siempre, sin aparente fin, que Rusia es culpable de todos los males en la arena internacional sin presentar prueba alguna.

Pregunta. Les preguntamos a los lectores: ¿Si realmente piensan que es Rusia la que ha emprendido una política externa amenazante, agresiva, expansionista e interventora o son otros? Ahora le agregan cosas inverosímiles como, por ejemplo, el hackeo de computadoras durante la campaña electoral estadounidense del 2016, el supuesto envenenamiento de exespías rusos exiliados en el Reino Unido y otros ejemplos absurdos.

Rusia ha sido agredida a lo largo de su historia muchas veces, pero jamás agredió o amenazó a ningún país ni lo hará, por la simple razón de que Rusia sí sabe lo que es la guerra.

Los hechos son los que hablan y no las palabras. No fue Rusia la que bombardeó Yugoslavia, en violación de la Carta de la ONU y el Acta Final de Helsinki, ni la que invadió Irak, ni la que derrocó al régimen de Gadafi.

¿Acaso Rusia está actuando en violación de la Carta de la ONU prestando el apoyo al legítimo gobierno de Siria en la lucha contra las fuerzas del terrorismo internacional?

Las elecciones del 18 de marzo pasado mostraron el abrumador apoyo a la reelección del actual presidente, Vladimir Putin. Los ciudadanos de Rusia reciben de manera consciente y con comprensión dicho curso en la política interior y exterior. Esta es la principal garantía de la estabilidad de la Federación de Rusia y su desarrollo gradual, incluso en términos de una mayor democratización de la sociedad.

Como el resto de los países del mundo, Rusia tiene muchas cosas que superar, pero lo hacemos en nuestra casa, no en la de otros.

El autor es embajador de la Federación de Rusia en Costa Rica.