
Un importante componente de lo que ha pasado a llamarse “Doctrina Donroe” es el dominio del algoritmo. Facilitado por la subordinación de las grandes corporaciones tecnológicas a los autócratas trumpianos, asegura al presidente Donald Trump y a su entorno un poder de manipulación de masas sin precedentes históricos.
En esta doctrina, la soberanía no se mide en términos de territorio o recursos, sino en el control de datos, infraestructura digital y capacidad para secuestrar la opinión pública global.
Desde esta lógica geopolítica, la ambición sobre Groenlandia es una pieza clave del proyecto tecnológico trumpiano. En el entorno trumpista, el uso del ejército estadounidense es “siempre una opción”, porque “Groenlandia es una prioridad para nuestra seguridad nacional”.
El interés radica en que Groenlandia alberga minerales estratégicos esenciales para la transición energética y tecnológica. La isla es rica en tierras raras, grafito, litio, cobre, níquel, cobalto, niobio y otros metales críticos que son fundamentales para fabricar baterías, imanes permanentes, semiconductores y componentes electrónicos avanzados, todos necesarios para vehículos eléctricos, energías renovables, defensa militar y el ecosistema tecnológico. Es decir, para el ciberespacio y las formas físicas que está adquiriendo.
La presencia de 25 de los 34 minerales considerados críticos (incluidas tierras raras y otros metales de alta demanda), convierte a Groenlandia en un objetivo estratégico para diversificar las cadenas de suministro frente a la dominación china en estos mercados.
Este extractivismo se entrelaza con el proyecto trumpista de asegurar el acceso a estos minerales junto con el control sobre Venezuela, permitiendo al régimen consolidar una base de insumos para la agenda de “soberanía tecnológica” configurada por el cruce de la inteligencia artificial (IA), robótica avanzada y computación cuántica.
En este esquema, el rumbo está siendo determinado por la creciente lista de insumos estratégicos (minerales, agua, energía) que las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses, alineadas con Trump, demandan para asegurar el dominio absoluto del ciberespacio.
Además de los recursos del subsuelo, Groenlandia posee un potencial atractivo para instalar centros de datos de IA de alto rendimiento.
La isla combina un clima ártico con abundancia de energía renovable, incentivos para que empresas tecnológicas vean a Groenlandia como un sitio estratégico para futuros centros de cálculo para IA, con conexiones potenciales a Norteamérica y Europa para tráfico de datos global.
La “Doctrina Donroe” legitima así la apropiación de territorios con el objetivo de controlar bases estratégicas, fuentes de energía, materias primas y centros de producción de datos.
Esta parte de una premisa peligrosa: los intereses geopolíticos de Estados Unidos están por encima de cualquier otro. Y nunca es suficiente.
Trump ha decidido que su “patio trasero” se extiende de Colombia a Canadá, y otros actores como Xi Jinping y Vladimir Putin sostienen visiones similares de dominio regional y global.
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Pablo Gámez Cersosimo es investigador, escritor y periodista.