
Quienes hoy recorren Sabana Norte y Mata Redonda observan un paisaje urbano muy diferente al de hace algunos años. Torres de apartamentos y edificios de considerable altura rodean el parque y han transformado uno de los sectores más importantes de San José. Detrás de esa transformación, existe una historia poco conocida que considero justo recordar.
Hace años, trabajaba en unas oficinas ubicadas frente a La Sabana, en terrenos donde antes había funcionado el Motel BEMO. Eran dos propiedades de aproximadamente mil metros cuadrados cada una, separadas por un terreno perteneciente a la familia Trejos.
Visualicé entonces el valor de desarrollar esos terrenos y le presenté a un arquitecto con quien había participado en otro proyecto la posibilidad de integrar las propiedades y desarrollar allí un proyecto vertical. Para lograrlo, era indispensable conversar con doña Mima Trejos, quien rondaba los 80 años.
Tuve el privilegio de tomar tres o cuatro cafés con ella en su casa. Guardo aquellas conversaciones entre las más agradables e inteligentes que recuerdo. Doña Mima comprendió perfectamente el potencial del proyecto y finalmente aceptó vender su propiedad, permitiendo integrar los terrenos sobre los cuales posteriormente se desarrollaron las Torres del Parque.
Pero quedaba un obstáculo enorme.
Por las restricciones establecidas en aquel momento debido a la cercanía del aeropuerto Tobías Bolaños, Aviación Civil autorizaba una altura de apenas 18 metros. Con esa limitación, desarrollar un proyecto económicamente viable en terrenos de tan alto valor frente a La Sabana resultaba prácticamente imposible.
Por esos años, yo corría regularmente en La Sabana y, conversando con amigos corredores, comenté aquella dificultad. Entre ellos estaba don Guillermo Álvarez Martínez, quien había sido asesor ad honorem del ministro de Obras Públicas y Transportes, Rodolfo Méndez Mata.
Don Guillermo tenía una extraordinaria experiencia en materia aeroportuaria. Había trabajado como consultor internacional en aeropuertos para distintos países y organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial.
Al escuchar mi historia, simplemente me dijo: “Mándeme el plano catastrado”.
Poco tiempo después, recibí una llamada suya. Me pidió que fuera a las oficinas de Aviación Civil. Allí presencié una experiencia difícil de olvidar.
Frente a los sistemas donde se representaban las pistas, conos de aproximación y diferentes áreas de restricción aeroportuaria, don Guillermo comenzó a revisar técnicamente los criterios que se estaban aplicando. Con documentos y normativa internacional en mano, discutió líneas, zonas y restricciones que hasta ese momento se consideraban inamovibles.
Yo solamente observaba.
De aquella reunión salí con una autorización que permitía alcanzar aproximadamente 53 metros de altura en aquel terreno.
Donde antes apenas podían contemplarse unos pocos pisos, se abría la posibilidad de construir en altura. El proyecto Torres del Parque se hizo viable y después surgieron muchos otros.
Con el paso de los años, he observado cómo Sabana Norte, Nunciatura y otros sectores de Mata Redonda fueron transformándose y llenándose de edificios verticales. Seguramente fueron muchos los empresarios, arquitectos, desarrolladores, funcionarios y profesionales que hicieron posible esa evolución urbana.
Pero yo tuve el privilegio de presenciar uno de esos pequeños grandes momentos que pueden cambiar el rumbo de las cosas.
Por eso, cuando veo las torres que hoy forman parte del paisaje de La Sabana, recuerdo a don Guillermo Álvarez Martínez.
Recuerdo su conocimiento, su generosidad para compartirlo y, particularmente, el hecho de que no buscaba ningún beneficio personal. Simplemente, puso su experiencia al servicio de resolver del modo adecuado un problema técnico.
Muchas veces, las ciudades cambian gracias a grandes inversiones y grandes proyectos. Pero también cambian porque, en algún momento, aparece una persona que sabe hacer la pregunta correcta, revisar una línea que todos daban por definitiva y demostrar que existe otra posibilidad.
Esta es mi manera de agradecer y reconocer públicamente a don Guillermo Álvarez Martínez.
Porque detrás del nuevo horizonte vertical de La Sabana existe también una historia de conocimiento, servicio y generosidad que merece ser contada.
luichymontero@gmail.com
Luis Montero Esquivel es asesor inmobiliario.