
Según la sabiduría popular, las leyendas son el humus de la historia, porque su mensaje permanece cuando los hechos son olvidados. Cumplen una función social y psicológica necesaria, porque permiten resolver dilemas éticos y extraer lecciones vitales.
Una de mis leyendas favoritas es la del nudo gordiano. Dice más o menos así: la ciudad de Frigia vivía sumida en luchas internas por la falta de un rey. Agobiados, los habitantes consultaron al oráculo de Sabazios, quien anunció que el próximo monarca sería el primero en entrar por la Puerta del Este, en una carreta tirada por bueyes.
Poco después, un humilde campesino llamado Gordias llegó a la ciudad de ese modo para consagrar su carreta al templo de Zeus. Con el fin de asegurar su ofrenda, la ató a un poste con un nudo tan intrincado que parecía imposible de deshacer. Sin saberlo, había cumplido la profecía del oráculo y, de paso, dio origen a otra aún más célebre: quien lograra desatar el nudo gobernaría Asia.
En el año 333 a. C., Alejandro Magno, rey de Macedonia, se enfrentó al nudo gordiano de forma totalmente inesperada: en lugar de desatarlo, lo cortó de un tajo con su espada, obteniendo la buena estrella para extender el mundo helénico desde Grecia, a través de Asia Menor, Egipto y Mesopotamia, hasta la India.
La historia del nudo gordiano hace referencia a aquellas situaciones en las que es necesario cortar por lo sano problemas complejos que se arrastran durante años, mediante soluciones drásticas y directas. Nos recuerda la importancia de dejar de darle vueltas al mismo asunto para pasar a la acción, pero no con las recetas de siempre, sino de una manera novedosa y valiente.
La eterna crisis del agro
Desde hace meses, La Nación ha venido publicando distintas noticias sobre la difícil situación que atraviesa el agro costarricense, las cuales, analizadas con ingenio y ganas, ofrecen una oportunidad de oro para cortar, como hizo Alejandro Magno, el nudo gordiano que le impide al sector prosperar.
Una de ellas, fechada el 14 de junio, consiste en una entrevista al ministro de Agricultura y Ganadería, quien califica la situación como “una crisis de profundas implicaciones políticas para Costa Rica”.
A grandes rasgos, nuestro país se expone a un posible escenario de inseguridad alimentaria y alto desempleo, puesto que cada vez más agricultores se plantean seriamente abandonar la agricultura por el efecto combinado de bajos márgenes de ganancia, el impacto de El Niño, el envejecimiento de la fuerza de trabajo y la incertidumbre económica y geopolítica.
Para intentar desactivar esta bomba de tiempo, el ministro del MAG recurre a la retórica política habitual de “es necesario potenciar la competitividad y mejorar la institucionalidad del sector”. Es decir, retoma frases hechas que dicen mucho y poco al mismo tiempo, y que, por esa razón, suelen quedar en agua de borrajas.
Sin embargo, hay un momento concreto en la entrevista en que el jerarca se moja: reconoce la importancia de aumentar la productividad por hectárea cosechada, entre otras cosas, mediante las mejoras regulatorias y la diversificación tecnológica.
Aunque pueda parecer una declaración meramente formal, elevar el rendimiento por hectárea es un requisito estructural para que los productores costarricenses –desde los agroexportadores hasta los pequeños y medianos– cubran holgadamente sus costos, aseguren márgenes operativos que permitan adoptar mejores prácticas agrícolas y mantengan el acceso al crédito bancario, tan necesario para sostener la actividad productiva.
Oportunidad de oro para el café
Tomemos el ejemplo del café, para el que se vaticina una época especialmente dura. En las infografías sobre la actividad cafetalera costarricense que comparte el Icafé en Instagram, se desprende que, para la cosecha 2025-2026, la producción media por hectárea en Costa Rica ronda las 21,37 fanegas. Se trata de una media nacional, ya que hay zonas cafetaleras más productivas que otras.
No obstante, en el informe Costos de Producción de Café Fruta Cosecha 2024-2025, el mismo instituto plantea que, si lo que se busca es gestionar un negocio rentable, la producción debe aumentar a 40 fanegas por hectárea.
Para los caficultores, producir más y mejor significa generar ingresos suficientes para sostener los requerimientos del sistema bancario y acceder al capital de trabajo a lo largo del año. Igualmente, les ofrece la posibilidad de independizarse de proveedores que les conceden crédito a cambio de utilizar sus productos, los cuales no siempre se adaptan a las necesidades técnicas de sus fincas.
La fertilización es un factor clave para aumentar el rendimiento por hectárea. Sin embargo, actualmente el mercado internacional de estos insumos afronta serias dificultades debido a la inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo.
En esta difícil coyuntura, los bancos estatales, el Icafé, las cooperativas cafetaleras y la Comisión para Promover la Competencia (Coprocom) tienen un rol estratégico para evitar que el mercado costarricense funcione como hasta ahora: un puñado de compañías dominan la comercialización de fórmulas fertilizantes y, además, otorgan créditos para su adquisición. De este modo, ejercen una doble función que reduce al mínimo la capacidad de elección de los productores respecto al paquete nutricional por aplicar en sus fincas.
Si el gobierno actual realmente quiere “facilitarles la vida a los productores”, como dice el ministro del MAG en la entrevista, deberá cortar por lo sano el nudo gordiano que impide la existencia de un mercado de fertilizantes libre en Costa Rica, al tiempo que se facilita el acceso al crédito a aquellos productores que asisten sus fincas mediante buenas prácticas agrícolas.
En medio de una de sus peores crisis, la mejor defensa de nuestros caficultores es que la desgracia los sorprenda cosechando 40 fanegas por hectárea y no 20.
En eso coincido plenamente con el jerarca: la agricultura es un negocio, y negocio que no deja, se deja.
Manuela Ureña es internacionalista y responsable de operaciones en el sector agroalimentario. Compagina su trabajo con estudios de Psicología.