
Las adecuaciones curriculares no significativas son ajustes en la enseñanza, la metodología y la evaluación que buscan atender las diferencias individuales del estudiantado sin modificar los objetivos esenciales del currículo. Están dirigidas principalmente a estudiantes con dificultades de aprendizaje, trastorno por déficit de atención (TDA) y trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
El concepto de dificultades de aprendizaje fue introducido por Samuel A. Kirk en 1963 e incluye condiciones como la dislexia, la disgrafía y la discalculia. En Costa Rica, la implementación formal de estas adecuaciones se inició en 1996, con la Ley 7600, orientada a garantizar la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad.
Estas adecuaciones incluyen estrategias como otorgar más tiempo en las pruebas, adaptar el entorno, segmentar tareas, utilizar apoyos visuales, simplificar el lenguaje y variar las formas de evaluación.
Sin embargo, muchas dificultades observadas en los estudiantes no se deben únicamente a problemas de atención, sino a dificultades en la comprensión del lenguaje. Esta diferencia suele ignorarse, lo que conduce a interpretaciones erróneas de conductas como la distracción o la indisciplina.
Con frecuencia, la respuesta ante estas situaciones es la medicación, lo que puede reducir conductas disruptivas, pero no resuelve las dificultades de aprendizaje de fondo. Esto evidencia una falta de comprensión integral de las necesidades del estudiante.
El problema se agrava en las pruebas estandarizadas nacionales, que representan un alto porcentaje de la calificación final. En estos casos, las adecuaciones suelen limitarse a otorgar más tiempo y aplicar la prueba en un recinto aparte, sin considerar las necesidades individuales. Esto contradice el principio de atención a la diversidad, ya que se aplican medidas uniformes a estudiantes con características distintas.
Aunque muchas instituciones educativas hacen esfuerzos por adaptar el currículo, estas se ven limitadas por evaluaciones estandarizadas poco inclusivas. Además, algunos centros trasladan la responsabilidad al ámbito médico, en lugar de asumirla como un reto educativo.
Como consecuencia, aumenta el número de estudiantes que repiten el año, presentan baja autoestima y cuentan con familias que no encuentran orientación adecuada.
En este contexto, se concluye que el sistema educativo está fallando en responder de manera efectiva a las necesidades reales de esta población estudiantil.
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Dulce Estela San Gil Caballero es educadora y psicopedagoga.