
La aviación en Costa Rica representa uno de los sectores más subestimados y desaprovechados del país. Durante años, la discusión pública se ha concentrado solo en las aerolíneas comerciales, dejando de lado una realidad mucho más amplia: la aviación corporativa, privada, recreativa y técnica, una industria que genera miles de empleos directos e indirectos y que podría convertirse en uno de los motores económicos más importantes de la región si existiera una política moderna, lógica y alineada con la realidad mundial.
La aviación no es solamente transporte de pasajeros. Detrás de cada operación aérea existe una enorme cadena de valor conformada por pilotos, técnicos, ingenieros, talleres aeronáuticos, escuelas de formación, logística, handling, abastecimiento de combustible, turismo, ambulancias aéreas, helicópteros, taxis aéreos y servicios especializados que sostienen a cientos de familias costarricenses.
Sin embargo, hoy la aviación nacional atraviesa una profunda crisis estructural.
El principal problema no es técnico ni operativo. Es institucional. La Dirección General de Aviación Civil (DGAC), llamada por ley a regular y fomentar el desarrollo aeronáutico, se ha convertido en una estructura marcada por la burocracia, la lentitud y la desconexión con las necesidades reales del sector.
Los profesionales aeronáuticos lidian con procesos interminables, criterios inconsistentes y tiempos de respuesta imposibles de prever. La ley de reducción de trámites terminó generando más burocracia y los famosos diez días hábiles de respuesta obligatoria se transformaron en un simple formalismo sin cumplimiento real. Expedientes permanecen meses o años detenidos, afectando inversiones, operaciones y generación de empleo.
La propia ley aeronáutica costarricense establece un principio que jamás debería ser ignorado: la DGAC tiene la potestad de fomentar el desarrollo de la aviación y facilitar el establecimiento de clubes aéreos, talleres y servicios aeronáuticos. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Mientras otros países entienden la aviación como una herramienta estratégica de desarrollo económico, en Costa Rica cada vez resulta más difícil operar.
A esto se suma el modelo del Consejo Técnico de Aviación Civil, una estructura donde decisiones fundamentales terminan dependiendo de un pequeño grupo de personas. En ninguna parte del mundo moderno, la aviación funciona bajo un esquema donde siete personas terminan definiendo el futuro operativo de toda una industria altamente técnica y especializada.
El resultado es evidente: inversiones que se pierden, operadores internacionales que prefieren otros países, proyectos detenidos y una industria frustrada. Costa Rica posee ubicación estratégica, talento humano y enorme potencial para convertirse en un centro regional de aviación ejecutiva, mantenimiento y servicios especializados, pero las estructuras actuales terminan alejando oportunidades.
Cada trámite atrasado representa empleos que no se generan. Cada proyecto detenido significa menos inversión, menos crecimiento y menos competitividad para el país.
Mientras tanto, otras naciones avanzan. Modernizan sus autoridades aeronáuticas, simplifican procesos y entienden que la aviación no es un lujo, sino una herramienta de conectividad, turismo y desarrollo económico.
Costa Rica necesita una transformación profunda. No bastan ajustes menores. Es urgente replantear el modelo institucional actual, eliminar estructuras que han demostrado ser ineficientes y avanzar hacia la creación de un instituto autónomo de aviación civil, moderno, técnico e independiente, alineado con estándares internacionales.
Asimismo, el país necesita fortalecer urgentemente la investigación de accidentes e incidentes mediante un organismo moderno, con independencia técnica y recursos adecuados.
Sobre todo, hace falta voluntad política.
La aviación costarricense no está pidiendo privilegios. Está pidiendo condiciones razonables para trabajar, invertir y crecer. Está pidiendo modernización, eficiencia, visión de futuro y que se cumpla la ley.
Existe un consenso cada vez más amplio dentro del gremio aeronáutico: el cambio es urgente.
Costa Rica tiene todo para convertirse en un referente regional en aviación. Lo que falta es decisión.
A la señora presidenta le digo: la aviación nacional necesita una limpieza profunda, modernización institucional y liderazgo real para transformar un sistema paralizado en una herramienta de desarrollo para el país. La decisión está ahora en sus manos.
Daniel Romero Martínez es consultor aeronáutico y piloto.