EDWIN PATTERSON BENTes miembro del consejo ejecutivo de CoopeTalamancaSos. Contacto: epatterson@yor.net
Con los precios petroleros alcanzando alturas históricas este mes, la necesidad para combustibles líquidos alternativos se convierte en un imperativo. Los países están corriendo para incorporar biocombustibles en sus políticas energéticas nacionales.
Costa Rica es uno. El junio pasado, el presidente Óscar Arias Sánchez anunció la meta de la neutralidad de carbón por 2021, con biocombustibles teniendo un papel. Específicamente, el Gobierno anunció que el abastecimiento de petróleo alcanzará la meta de 10% etanol y 20% biodiésel por 2010, con mezcla para empezar en octubre de este año. Pero todos los biocombustibles no son iguales. Algunos, se llaman biocombustibles de primera generación, los que están hechos de cultivos como caña de azúcar, el aceite de palma y el maíz. Otros, se llaman biocombustibles de segunda generación, los que están hechos de materia orgánica como malezas y hierbas.
La diferencia entre estos combustibles queda no solamente en su fuente, pero también en su impacto ambiental. Biocombustibles de primera generación, como ha avisado la comunidad científica recientemente, pueden tener más desventajas que ventajas en términos de las emisiones de gases invernaderos cuando se cuenta el uso de tierra y de agroquímicas que acompañan la producción alimentaría. De esa forma, la Unión Europea esta pensando en mover hacia atrás su meta de 10% biocombustibles por 2020 y prohibir biodiésel de plantaciones de palma del sureste de Asia, donde enormes bosques húmedos llenas de biodiversidad que atrapan carbón se ha estado reduciendo para la producción de monocultivos para biocombustibles.
El caso de Costa Rica. Además, con los precios del trigo, la soya, y maíz creciendo rápidamente mundialmente, no es una sorpresa que mucha gente culpa los biocombustibles. Las sequías en Australia, problemas políticas en Kenia, y la demanda creciente en Asia sin duda han contribuido a los precios alimentarios elevados, pero parece difícil imaginar que la alta demanda de estos cultivos para producir biocombustibles no exacerbó la situación. Los precios de maíz, por ejemplo, están tres veces más altos que sus niveles de 2005. El Congreso estadounidense que acaba de pasar una ley agrícola que no llenó las expectativas, solamente contribuyó al debate de los precios de maíz en las Americas, que irrumpió en el mercado de las tortillas mexicanas el año pasado. El resultado en las naciones desarrolladas es que la gente se queja sobre los altos costos pero sus vidas continúan; entre la pobreza del mundo, estos precios están devastando.
Costa Rica anda por el camino de la producción de biocombustibles de primera generación. Según el informe de la Comisión Nacional de los Biocombustibles de enero, se derivará etanol y biodiésel primeramente de la caña de azúcar y aceite de palma, respectivamente. El documento hizo solamente una referencia de paso en papel que los biocombustibles de segunda generación podrían tener en el futuro de la política energética de Costa Rica. Pero si Costa Rica verdaderamente esperara promover la cooperación internacional sobre el cambio climático, debería tomar la iniciativa en desarrollar la tecnología de biocombustibles de segunda generación.
El desarrollo de monocultivos para producir biocombustibles a gran escala parece contrario al espíritu de preservación de la biodiversidad costarricense. Por otro lado, si se prueba al mundo que los biocombustibles verdaderamente limpios de la segunda generación pueden ser logrados, suena como la oportunidad exacta que Costa Rica quisiera adoptar. Con 80% de las emisiones invernaderos nacionales viniendo del sector de transporte y 70% del uso de energía a base de combustibles fósiles, no puede ser una inversión mejor para lograr la iniciativa de “La Paz con la Naturaleza” de presidente Arias.
Acción comunitaria. Con esté montón de caídas potenciales, ¿por qué, entonces, oímos solamente de biocombustibles de primera generación? La respuesta es que estas tecnologías son de la corriente común. El proceso para destilar etanol para combustible, por ejemplo, ha estado disponible por décadas. Biocombustibles de segunda generación, por el otro lado, todavía les faltan mucha inversión en investigación y desarrollo. Como biocombustibles ocupan terreno poco conocido, los gobiernos quieren la cosa más segura, entonces biocombustibles de primera generación ganan.
En el ínterin los grupos de acción comunitaria están tomando el liderazgo donde los Gobiernos terminan su acción. Hace más de un año, la Cooperativa de Servicios Múltiples Talamanca Sostenible R. L. (CoopeTalamancaSos) está trabajando en desarrollar un biocombustible limpio de segunda generación producido localmente en Talamanca. CoopeTalamancaSos, cuya organización cobija (ADELA) ( www.grupoadela.org ) ha tenido éxito enfrentando la exploración petrolera en la costa caribeña hace 10 años, busca alternativas practicas al petróleo. Está colaborando con un ingeniero tico, Mario Araya de Proambiente, S.A., para avanzar KleanAirFuel (KAF) ( www.kleanairfuel.com ), un biocombustible probado por la Refinería Nacional (Recope) que puede ser hecho de desechos de plátanos (pinzote), caña brava, y aun con microalgas.
Actualmente, la organización busca fondos para establecer la primera planta de KAF en Talamanca, sirviendo como un modelo para el país y para el resto del mundo. En el proceso, la creación de biocombustibles realmente limpios en la provincia de Limón proveería trabajos nuevos y entrenamiento para una de las regiones mas deprimidas económicamente del país. Costa Rica tiene un legado de desarrollo sostenible y equitativo . En lugar de perseguir biocombustibles de primera generación que han levantado dudas ambientales y que concentran la riqueza a causa de plantas a gran escala que acompañarían su producción, hay una mejor opción. Costa Rica puede llamar la atención por promover proyectos de biocombustibles de segunda generación de tamaño pequeño que combaten el calentamiento global, reducen la dependencia nacional de petróleo, y fomentan el desarrollo económico en las regiones más empobrecidas. Eso podría ser una estrategia energética costarricense.