“La Juventud quiere mejor ser estimulada que instruida” decía Goethe. Razón llevaban sus palabras. Cada día me siento más feliz de poder confirmarlas. Con cada estímulo positivo que se invierte en la juventud, se desarrolla un producto que puede ser gratificante para la sociedad.
Juventud consciente. Costa Rica tiene magníficos ejemplos de lo que puede resultar de esa inversión de estímulos positivos, que son los que construyen una sociedad. Lo primero que se me viene a la mente es el Centro de Estudio Para los Problemas Nacionales, una generación de jóvenes que orquestó y armonizó la Costa Rica que hoy tenemos.
Estos jóvenes pensadores que se aglutinaron para estudiar y dar soluciones al país son ejemplo de la Juventud responsable y consciente, de la juventud que aporta a la sociedad.
Bien decía don Pepe: “En la vida pública como en la profesional, cada generación tiene algo que aportar”. Es necesario, entonces, que la administración esté dispuesta a dar oportunidades a los jóvenes, con sus ideas y proyectos, no por el hecho de ser jóvenes, sino por su capacidad.
Sigamos con los ejemplos: en los 70, la visión de dos grandes hombres, don Pepe y don Guido Sáenz, junto a Gerald Brown, crearon el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional, institución insigne que ha dado muchas alegrías al país y ha formado musicalmente a varias generaciones de costarricenses, con honradez y disciplina.
Se destacan. Más recientemente vemos jóvenes que ganan premios internacionales por el diseño de una propuesta arquitectónica responsable, otros que inventan una “cafetera” para el espacio, otros que hacen aplicaciones para firefox y son reconocidos por ello.
También vemos cada día cómo hay más propuestas artísticas de jóvenes; pero, lo más importante, vemos un mayor interés de los jóvenes para con la realidad de su entorno, y esto se lo debemos a un tema controversial llamado TLC. El interés por participar en la política, en resolver los problemas de los vecinos y del más necesitado.
Hay dinamismo joven los partidos políticos y en las ONG (“Un techo para mi país”, el ejemplo más significativo). El tiempo para que los jóvenes nos involucremos en los procesos de toma de decisiones y gestemos los cambios que creemos es ahora, donde las oportunidades en todos los campos se están dando.
Este es el momento para construir, es el momento de actuar; es el momento de hacernos responsables del rol que la historia nos pide que asumamos. Este es nuestro tiempo, porque es más la juventud responsable y dispuesta a actuar que la que vive en letargo. Este es el tiempo de acción y de lograr el compromiso que todos queremos.