David Segura Coto. 2 diciembre, 2018

¿Qué pueden tener en común un concierto de Queen, un iPhone y un cómic del Hombre Araña? Todos provienen de una misma capacidad que a los niños les sobra y a los adultos se nos olvida ejercitar: la imaginación.

Farrokh Bulsara, conocido como Freddy Mercury, Steven Paul Jobs y Stanley Martin Lieber, conocido como Stan Lee, fueron tres personajes de la historia de la humanidad que utilizaron su imaginación como herramienta para cambiar el mundo como estaba “estructurado” para ellos.

Mercury decidió experimentar y hacer del rock un género maleable con tiempos anormales, experimentos musicales e incluso su adenda operística evidenciada en Bohemian Rhapsody. Jobs hizo que la tecnología no fuera para los nerds o los ingenieros en sistemas o los contadores. Era para el mundo: para los artistas, los músicos, los cinematógrafos, los niños, los creadores y los creativos.

Stan Lee creó universos imaginarios de personajes ficticios con problemas e historias emocionantes para inspirar, entretener y desarrollar el espíritu de las personas y los niños que leyeran sus cómics.

“Solo la gente que está suficientemente loca como para creer que puede cambiar el mundo, tiene el coraje suficiente para lograrlo”, es una frase que se le atribuye a Steve Jobs.

Freddy Mercury entregó su vida a la música durante el poco tiempo que vivió, pero en su paso por la vida descubrió rápidamente que lo que más le hacía feliz era disfrutar su música con la gente. En uno de sus primeros conciertos grandes, en Río de Janeiro, Brasil, cantaba y se preguntaba si el público entendía lo que él cantaba por ser en otro idioma.

Para su grata sorpresa, millares de personas presentes cantaron por él. Love Of My Life fue la canción que él le hizo a su prometida Mary Austin, y Brasil le demostró que sus canciones no tenían fronteras ni idioma. Cuando Bohemian Rhapsody salió, ningún crítico de música creyó en la canción: muy larga, muy rara, muchas canciones en una, las excusas llovieron… Pero la gente, el público, quienes verdaderamente importaban lo apoyaron y hasta la fecha es una de las canciones clásicas más amadas del rock operístico de Queen. El sida llegó a la vida de Mercury para inspirarlo a ser la mejor versión de sí mismo y su presentación en el concierto de Live Aid por África fue una de sus más apasionantes muestras de amor al arte y una imagen eterna de cómo sería recordado; un eclipse solar a toda la homofobia y el escándalo de fiestas que tuvo para demostrar que él era tan humano como el resto de su familia de Queen.

En sus propias palabras: “Siempre supe que la música podía inspirar a las personas y darles felicidad. La única diferencia es que ahora el mundo cree conmigo”.

Un “don nadie”. Stan Lee fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial, descrita por él como la máxima expresión de odio del ser humano. A pesar de ser un don nadie en la época de la Guerra Fría, cuando la gente se preocupaba por ir a la Luna, el comunismo, Vietnam y demás, él se dedicó a crear superhéroes diferentes; Batman y Superman ya existían como modelos para aspirar a ser “hombres de bien”, pero Stan vio el superhéroe de manera distinta: todo en el barrio puede hacer una enorme diferencia, hasta un joven flaco, inteligente, “rechazado” colegial.

Un superhéroe debe entender que su capacidad para hacer el bien es más que la de los demás y, por ende, su responsabilidad es mayor. Spiderman fue un cambio en la manera de ver al héroe: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Gracias a Stan Lee, también apareció el primer superhéroe negro, llamado Black Panther (evidentemente inspirado por el movimiento político fundado en 1966) y, entre otras cosas, llevó los cómics a ser más que solo historias para niños.

Trabajó, aproximadamente, 86 años hasta ver finalmente el resultado más grande de su trabajo, en el inicio del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU, por sus siglas en inglés). Es como lo describió Robin Williams: “Medicina, Derecho e ingenierías son actividades y estudios nobles necesarios para sostener la vida que llevamos; pero la poesía, la belleza, el romance y el amor son las cosas para las que vivimos”.

Otro mundo. “Un día voy a cambiar el mundo y si ustedes quieren ser parte de esa empresa entonces los invito a regalarme su tiempo y esfuerzo”, dijo Steve a sus compañeros de garaje con quienes iniciaría Apple Incorporated para hacerle frente al goliat tecnológico que era IBM.

Steve Jobs no era un ingeniero brillante, no era el mejor administrador del mundo, ni mucho menos el mejor amigo del mundo. Él, sencillamente, era un hippie que veía en la tecnología su escape de la aburrida realidad en la que decía vivir. Era un visionario, de esas personas que nunca tiene suficiente hasta que su corazón le diga que sí.

Creyó en lo imposible: computadoras para todos en lugar de solo para las empresas e ingenieros en sistemas. Creyó en computadoras en el bolsillo de las personas y, por sobre todo, enfatizó que el verdadero potencial de la tecnología estaba en su interacción con las bellas artes.

Vivió lo suficiente para presentar su visión del futuro cuando introdujo la Mac, el iPod, el iPhone y el iPad. Luego de su muerte, dejó su empresa en manos de un hombre que creyó en Apple cuando nadie más lo hizo: Tim Cook. Jobs decía que la tecnología de Apple era para todos, pero que la visión detrás de esa misma tecnología no era universalmente comprendida. Jobs cambió el mundo y lo explicó con su muerte: “La muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo”.

Dicen que el fracaso es huérfano, mientras que el éxito tiene muchos padres y madres. Los ejemplos aquí mencionados son globales, pero todos conocemos a alguien como Mercury, Jobs y Lee. Quizá no esté en los titulares de un periódico o de las redes sociales, pero si ellos pudieron seguir sus sueños, creer en su imaginación y convertir su sueño en meta, entonces, ¿por qué no nos permitimos imaginar más a menudo?

El autor se describe como millennial y bloguero.