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La fuerza callada de la delicadeza

Ser delicado no es ser débil ni servil. Es atención sin teatralidad; es respeto sin exageración; es prudencia en la comunicación. Es detenerse y pensar antes de actuar y hablar

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corazón revista Perfil
La delicadeza es, al final, una forma de amar. No cuesta nada, pero vale mucho. (Shutterstock/Shutterstock)







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