
Un reciente estudio realizado por Statista Consumer Insights en enero de 2026 revela que la vida familiar y la salud dominan como las principales prioridades en Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido.
La respuesta es consistente en dichos países. En el Reino Unido, el 51% de los ciudadanos sitúa a la familia como la prioridad número uno. En Estados Unidos, la familia es la prioridad para el 41%, y la salud, para el 40%, y en Alemania, la salud está en primer puesto, con un 49%, y la vida familiar se sitúa en la segunda casilla, con un 43%. A nivel mundial, en todos los países encuestados, la familia sigue siendo considerada muy importante por la población.
La familia es un pilar fundamental tanto en el desarrollo social como en el económico. Ello lo vemos reflejado en sus funciones: de socialización (enseñanza de valores, normas y cultura); afectiva (desarrollo de la inteligencia emocional y el sentido de pertenencia) y relevo generacional (continuidad y sostenibilidad de la sociedad, economía y cultura).
En 2026, los países donde más se apoya a la familia siguen siendo los nórdicos: Suecia, Noruega e Islandia. Según la OCDE, este apoyo se concreta en inversión en educación infantil, licencias parentales y un fuerte equilibrio entre trabajo y vida familiar. Los gobiernos de la OCDE destinan, en promedio, un 2,3% de su PIB a beneficios familiares como servicios, exenciones fiscales o transferencias en efectivo.
Es innegable la importancia económica que tiene la familia. Impacta el consumo, el ahorro y la producción. Es innegable que se trata de un actor económico relevante. Esta institución debería recibir el mismo apoyo que reciben las empresas en un país donde el 85% de dichas compañías son familiares, un porcentaje que asciende al 90% en las pymes.
Además de la economía del consumo, ahorro y producción, la familia incide en la economía del cuidado, que juega un papel crítico en la protección social ante las insuficiencias del Estado, especialmente en América Latina, donde las tasas de natalidad han caído drásticamente.
Chile y Costa Rica lideran el descenso de la fecundidad en Latinoamérica, con tasas decrecientes históricas de 1,5 y 1,12 (el nivel de equilibrio de reemplazo generacional es 2,1). Las proyecciones para 2040-2050 indican que el 76% de los países y territorios tendrán tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo.
La generación Z constituirá una fuerza laboral importante que deberá lidiar con el envejecimiento demográfico, la disminución de la fuerza laboral y de los servicios. Asimismo, con otro aspecto muy serio: la pérdida de identidad de muchas naciones cuya población nativa va desapareciendo. África es el único continente que actualmente sostiene su relevo generacional.
Me ha sorprendido que en el reciente documento “Las soluciones legislativas conjuntas a favor de Costa Rica” no se menciona la palabra “familia” ni políticas públicas a favor del fortalecimiento de esta institución.
Lejos de ser una crítica o cuestionamiento político, es una inquietud para muchos de nosotros que sabemos que este país necesita un crecimiento consistente e integral. Una inquietud, asimismo, que se ha expresado a nivel internacional.
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Helena Fonseca Ospina es administradora de negocios.
