
Durante décadas, la cooperación para el desarrollo ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento de las instituciones públicas y en el apoyo a la sociedad civil mediante programas públicos, asistencia técnica e iniciativas sociales. Estos enfoques siguen siendo pilares esenciales de la cooperación internacional.
Sin embargo, en un contexto de crecientes necesidades financieras y desafíos globales cada vez más complejos, por sí solos ya no son suficientes.
Abordar temas como el cambio climático, la seguridad alimentaria, la inclusión financiera, la productividad y la generación de empleo decente requiere no solo instituciones públicas sólidas, sino también la participación activa del sector privado. Movilizar innovación, inversión y soluciones escalables se ha vuelto indispensable para alcanzar un impacto de desarrollo sostenible y medible.
De hecho, estos desafíos no pueden ser resueltos únicamente por el sector público. Requieren innovación, capacidad de escalamiento y soluciones que funcionen en el mercado. Por esta razón, la cooperación para el desarrollo también está evolucionando: ya no se trata únicamente de transferir recursos, sino de movilizar capacidades, compartir riesgos y acompañar al sector privado cuando sus soluciones están listas para crecer.
Es en este contexto donde el LuxAid Challenge Fund, recientemente lanzado en Costa Rica, encuentra su razón de ser. Su lógica es clara y poco común: no financiar ideas, sino escalar soluciones ya validadas. El fondo está dirigido a empresas que ya comercializan un producto o servicio, que han demostrado tracción en el mercado, pero que enfrentan una de las etapas más desafiantes del ciclo empresarial: el momento de consolidarse antes de poder escalar.
En Costa Rica, esta brecha es bien conocida. Existen instrumentos para ideación, prototipado y capital semilla, así como opciones de financiamiento más maduras. Lo que históricamente ha faltado es un mecanismo que apoye esa etapa intermedia, cuando las empresas aún no son elegibles para crédito tradicional o inversionistas, pero necesitan recursos y alianzas para consolidarse y crecer.
El LuxAid Challenge Fund busca precisamente cerrar esa brecha al combinar cofinanciamiento, visión de largo plazo y criterios claros de impacto. No se trata de subsidios asistencialistas, sino de una forma moderna de cooperación que reconoce al sector privado como un actor central en el desarrollo y respalda soluciones que son económicamente viables y socialmente relevantes.
Este enfoque responde a una realidad ineludible: los recursos públicos son limitados y los desafíos son sistémicos. La innovación ocurre, cada vez más, fuera del Estado. Una cooperación que no integre al sector privado corre el riesgo de perder relevancia.
No es casualidad que Costa Rica haya sido seleccionada como país focal para esta convocatoria. El país combina estabilidad institucional, talento humano y un ecosistema emprendedor dinámico, particularmente en sectores como agritech y fintech, donde la innovación puede traducirse directamente en mayor productividad, inclusión y sostenibilidad.
En agricultura, la tecnología permite un uso más eficiente del agua, la reducción de pérdidas y el fortalecimiento de las cadenas de valor. En los servicios financieros, la digitalización amplía el acceso en todas las comunidades, reduce costos y mejora la transparencia. En ambos casos, el impacto social y económico es tangible y medible.
Este énfasis en la medición de impacto es una de las características distintivas del fondo. La innovación no se entiende como novedad, sino como la capacidad de generar cambios verificables: más empleo, mayor eficiencia, mejor acceso a servicios y una menor huella ambiental. La cooperación para el desarrollo se aleja de la retórica y se orienta hacia resultados.
Otro elemento clave es el intercambio de riesgos. Al cofinanciar proyectos junto con las empresas, el fondo reconoce que la innovación implica incertidumbre, pero que compartir el riesgo es una condición necesaria para transformar ideas validadas en soluciones sostenibles. Sin riesgo no hay escalamiento; sin escalamiento no hay impacto.
Desde una perspectiva país, instrumentos como este envían un mensaje claro: Costa Rica no es únicamente receptora de cooperación al desarrollo, sino un socio confiable para modelos innovadores de desarrollo. Un país capaz de articular el sector público, el sector privado y la cooperación internacional en torno a objetivos compartidos.
El debate ya no es si la cooperación para el desarrollo debe involucrar al sector privado. Esa pregunta ha sido superada. La cuestión central hoy es cómo hacerlo bien, con criterios claros, transparencia y resultados medibles. El LuxAid Challenge Fund ofrece una respuesta concreta a ese “cómo”.
En un contexto global marcado por la incertidumbre, invertir en soluciones que ya funcionan, en empresas que ya generan valor y en modelos que combinan innovación, sostenibilidad e impacto no es simplemente una decisión técnica: es una decisión estratégica.
La cooperación para el desarrollo del futuro no se medirá por la cantidad de proyectos que financie, sino por cuántas soluciones logre escalar y cuántas personas vean mejorada su calidad de vida. Y en ese camino, Costa Rica tiene una oportunidad clara de demostrar que el desarrollo también se construye a través del emprendimiento, la innovación y la colaboración inteligente entre sectores.
Charles Schmit es encargado de Negocios de la Embajada de Luxemburgo en Costa Rica.
Frank Wollf es representante regional para América Latina y el Caribe de LuxDev, la Agencia Luxemburguesa de Cooperación para el Desarrollo.